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Nuestro miedo al rechazo es tan poderoso que a muchos nos detiene, nos demos cuenta o no. Este temor nos evita seguir adelante y avanzar en nuestras vidas personales y profesionales. Como resultado, evitamos establecer metas y tomar riesgos. 

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Es sumamente difícil no tomar el rechazo como algo personal. Todos queremos sentirnos aceptados, y lo mismo ocurre con nuestros proyectos. Cuando pones tu corazón y mente en algo, llega a sentirse como una extensión de tu cuerpo; sin embargo, también es una realidad que el rechazo es inevitable. Pero cuando una puerta se cierra, otra se abre, aunque el verdadero reto es sacar lo mejor de ese rechazo y convertirlo en motivación.

La buena noticia en esto es que, si bien no puedes controlar cuándo o qué tan seguido serán rechazadas tus ideas, sí puedes controlar tu reacción. Aquí unos consejos:

Planea por adelantado

Siempre ten un plan A, un plan B y hasta un plan C. Si lo haces te sentirás menos desesperado y como resultado, menos afectado por el rechazo. Si tienes otras opciones puedes pensar de manera más crítica sobre el porqué del fracaso de tu idea. Después de todo, no es sabio poner todos los huevos en la misma canasta. Acepta que ningún proyecto es perfecto, de manera que puedas empezar a pensar dónde están las fallas.

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Pregunta el porqué

Si tu idea es rechazada, pregunta por qué. Pide respetuosamente a quien te rechazó que te explique por qué tu idea no funcionó. No te pongas emocional ni continúes vendiéndoles tu idea. Si están dispuestos a explicarte, escucha con atención. Esta retroalimentación no tiene precio y así podrás tener información crucial para mejorar.

Convierte ese conocimiento en poder

Cuanta más información tengas de por qué fue rechazada tu idea, serás más capaz de modificarla. Muchas veces, el rechazo surge de una falta de entendimiento. Si tu idea no es adecuada para una empresa, la rechazarán, pero eso no significa que no sea buena. Lo que aprendas podría ayudarte a pulir tu producto y presentarlo de manera distinta a esa empresa en el futuro, o tal vez a darte cuenta que te estás equivocando de target.