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Durante muchos años, la tendencia en los entrenamientos de fitness ha ido enfocada hacia los ejercicios analíticos y localizados, buscando el aislamiento muscular para un mejor rendimiento del grupo a entrenar.

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En la actualidad, los estudios enfocados hacia la salud en lugar del rendimiento han hecho tambalear a los ejercicios más clásicos en varios de sus objetivos: mejora de la calidad de vida, recuperación de lesiones e incluso el propio rendimiento atlético.

La diferencia principal entre los ejercicios funcionales respecto a los convencionales reside en los movimientos multidirección y que engloban la acción coordinada de varios grupos musculares, así como del equilibrio.

Mucho más enfocado a las actividades cotidianas, estos ejercicios incorporan secuencias de movimientos diagonales, horizontales, verticales y rotatorios en uno mismo, además de utilizar distintos segmentos corporales y articulaciones.

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Esta tendencia en el entrenamiento ha sido de gran éxito por la clara mejora de la condición física, siendo muy habitual verlo desde sesiones con personas novatas hasta en el trabajo de deportistas de élite.

El entrenamiento funcional se caracteriza sobre todo porque entrena movimientos en lugar de ejercicios: el cuerpo humano está formado por músculos diseñados para realizar movimientos, organizados mediante cadenas musculares.

Siempre que realizamos un movimiento existe un músculo agonista, que se opone a ese esfuerzo, y uno o varios músculos sinergistas, que acompañan y apoyan la acción de éste. Además, la musculatura estabilizadora da un punto de apoyo al músculo agonista para realizar su movimiento. Como puedes ver, un músculo nunca trabaja solo, sino que es acompañado por otros que colaboran en la acción.

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La fuerza que imprimimos a estos movimientos parte siempre de nuestra sección media o core, por lo que es importante que la mantengamos fuerte y en forma. Además, el core es responsable de buena parte de nuestro equilibrio y corrección postural, base de nuestro bienestar.

Las capacidades físicas básicas como la fuerza, la flexibilidad o la resistencia gozan de igual importancia en el entrenamiento funcional, ya que mejorarlas nos ayudará a ser eficientes y efectivos en nuestro día.

Todo depende de cuál sea nuestro objetivo al entrenar: ¿tu objetivo es la hipertrofia? Entonces trabaja la fuerza y realiza un entrenamiento acorde, con ejercicios específicos para cada grupo muscular. Si tu objetivo es tener un cuerpo eficaz para tu día a día, entrena de forma funcional con movimientos compuestos.