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Ludwig van Beethoven es uno de los más grandes compositores de todos los tiempos. Con él se inicia una nueva fase en la historia de la música: el romanticismo.

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Nació en26 1770 en el seno de una familia de tradiciones artísticas, hijo de un tenor, bohemio y bebedor, que enseguida reparó en las extraordinarias cualidades del pequeño para la música.

Su infancia transcurrió triste y enfermiza, pero dedicada al estudio de la música. A los 12 años era ya un gran intérprete, tanto con el piano como con el órgano, tocando la viola en la orquesta del archiduque. Ayudado por su profesor y por algunos aristocráticos personajes, pudo viajar a Viena en 1787, donde se dice tocó para Mozart, genio indiscutible del momento, quien, asombrado, dijo: “Fíjense en este hombre. Dará que hablar al mundo”. Y no se equivocó.

Pero el camino para llegar a ser uno de los grandes no fue fácil; al regresar a Bonn, su madre había muerto y su padre vivía para el alcohol, por lo que ocupó la cabeza de familia, dedicando cualquier rato libre al estudio y a la composición.

Tras la muerte de su padre, se instaló definitivamente en Viena, donde encontró a sus verdaderos y grandes maestros: Haydn, Salieri y Albrechtsberger, y se centró en la composición, aunque a veces actuó como concertista.

Pronto llegó la fama y los éxitos que empezaron a encumbrarle, pero en 1796 comenzaron a manifestarse los primeros trastornos de sordera, que sería completa a partir de 1819.

Beethoven vivió un tiempo en una situación estable y la crítica le consideró un genio llamado a ser el sucesor de Mozart. Su producción artística no se interrumpió pese a la sordera. De hecho, fue un periodo prolífico donde compuso sus sinfonías y que concluyó con sus cánticos espirituales.

A menudo, Beethoven era irascible y puede que sufriera trastorno bipolar; sin embargo, tuvo un círculo íntimo de amigos fieles durante toda su vida, quizá atraídos por la fortaleza de su reputada personalidad.

Hacia el final de su vida, los amigos de Beethoven compitieron en sus esfuerzos para ayudar al compositor a paliar sus incapacidades físicas, así como su desastre económico que se sumó casi necesariamente al doméstico pese a los esfuerzos de sus protectores, incapaces de que el genio reordenara su vida y administrara sus recursos.

Finalmente, el 26 de marzo de 1827, Beethoven falleció en la penumbra de su alcoba, consumido por la agonía, dejando tras de sí una existencia marcada por la soledad, las enfermedades y la miseria, y una obra que, sin duda alguna, merece el calificativo de genial.