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Aquella frase que toda madre repite una y otra vez cuando no terminamos nunca nuestros deberes. Esa manía de dejar todo para el último momento era procrastinación, aunque no lo supiéramos.

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Procrastinar pareciera que está de moda. Este término quiere decir, ni más ni menos, postergar algo que nos cuesta cierto esfuerzo realizar en aras de alguna actividad más placentera.

El refranero popular viene hablando de ello desde que tenemos memoria con la clásica “No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”. Todos procrastinamos, de niños, de jóvenes y de adultos. No hacer lo que debemos cuando debemos supone muchas veces un aplazamiento de nuestra autorrealización personal. Por ejemplo, cuando estamos dudando si poner fin a una relación que sabemos que no nos aporta nada y que se ha convertido en un verdadero error, estamos mermando nuestro desarrollo.

La procrastinación no se refiere solo a una acción concreta, a terminar o no una tarea que tenemos que entregar, sino a un hecho de nuestra vida que resulta determinante de cara a nuestro futuro y/o nuestra estabilidad emocional, y que resguardados en nuestra zona de confort, vamos aplazando y aplazando.

Existen dos factores que nos llevan a procrastinar; por un lado, está el miedo al fracaso. Para muchas personas el sentimiento de inseguridad puede ser paralizante hasta tal punto, que prefieren casi evitar el cambio antes de equivocarse. Por otro lado, es la falta de seguridad. Creer que se funciona mucho mejor bajo presión sin tomar en cuenta cómo aumentan los niveles de estrés y tensión tanto en la persona como en su entorno.

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Entonces, ¿qué podemos hacer para dejar de procrastinar?

Cambia tu contexto

Haz de tu escritorio o lugar de trabajo un sitio agradable. Dale una vuelta al entorno e incluso cambia el sitio habitual donde trabajas. Crea un pequeño ritual, como encenderte una vela, regar una planta, prender un incienso. De esta forma puedes mantenerte enfocado y terminar cualquier tarea o proyecto.

Elige una buena agenda

Visualizar las cosas que tienes que hacer, ponerles días, horas y fechas de entrega te ayudará a completarlas. También, ordenarlas de acuerdo a su importancia te facilitará la mejor distribución de tú tiempo.

Separa lo prioritario de lo que no lo es

Eso te ayudará a ordenar tus prioridades y procurar no retrasar las tareas realmente importantes.

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No busques ser perfecto

La perfección no existe; sin embargo, revisar y mejorar lo que sea que estés haciendo es uno de los secretos del éxito. Pero postergarlo por seguir “mejorándolo” no te llevará a nada más que a sentirte frustrado, puesto que siempre encontraremos errores a nuestro trabajo.