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Cuando la relación de pareja va mal, cuando los niños viven en un clima tenso y lleno de discusiones, es el momento de plantearse la separación. Un divorcio suele ser un momento difícil tanto para los adultos como para los niños y no siempre se entienden bien sus consecuencias.

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Los hijos pueden no entender los motivos; muchas veces sentirán que es su culpa, ya que los niños hasta los 10 años viven en un mundo muy egocéntrico, lo que les hará pensar que la separación tiene que ver con ellos. Otras veces harán demasiadas preguntas o se sentirán tristes y/o rabiosos.

Que los adultos hayan decidido romper la pareja, no quiere decir que tengan que romper también la familia que han construido, y en esta idea se basa el modelo de custodia compartida donde el niño pasa el mismo tiempo con ambos progenitores; sin embargo, ésta no es posible en todos los casos.

Cuando un matrimonio se separa los hijos quedan generalmente a cargo de la madre estableciendo para el padre un régimen de visitas que no siempre resulta suficiente. Atendiendo a las necesidades de los niños, que no deberían asumir las consecuencias del divorcio de sus padres, se presenta la custodia compartida como una forma de mantener la familia unida.

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En el régimen de custodia compartida ambos progenitores comparten el cuidado del niño por igual. El niño vive con su madre y con su padre por iguales periodos de tiempo y así no se le obliga a quedarse con uno. Los periodos varían según cada familia y pueden ser días alternos en los que el niño los pasa uno con la madre y otro con el padre o establecerse periodos de semanas o incluso meses.

En la custodia compartida ambos progenitores comparten tiempo, derechos y obligaciones con los niños. Los gastos de manutención corren a cargo de ambos y el niño puede vivir en la casa familiar siendo los progenitores los que se cambien de domicilio, según el periodo de custodia, o puede también que el niño se traslade de una casa a otra, según quién sea su cuidador en ese momento.

Existe un debate entre quienes piensan que la custodia compartida preserva a los niños de las consecuencias adversas de la separación y quienes piensan que la estabilidad en un solo hogar les protege mejor.

Los primeros creen que mantener unas relaciones estrechas y fluidas con ambos progenitores tiene ventajas para la adaptación psicológica de los niños. En cambio, los segundos insisten en que la custodia compartida afecta negativamente a la estabilidad vital de los menores y que hace más probable que se vean sometidos a situaciones de conflicto entre sus padres.

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Aunque las investigaciones no establecen una relación concluyente entre custodia compartida y mejor adaptación de los hijos, tampoco se puede seguir afirmando que con ella se ven expuestos a más disputas entre sus padres. Ahora bien, tampoco puede decirse que sea siempre la mejor alternativa.

La custodia compartida resulta perjudicial para los hijos en casos de padres abusivos o negligentes, cuando alguno de ellos padece un trastorno mental grave o tiene serias dificultades de ajuste personal, o cuando se da una situación de conflicto extremo.

Finalmente, este tipo de custodia requiere que el padre y la madre vivan en la misma localidad y es preferible que ambos domicilios estén cercanos, pero sobre todo, es necesaria una excelente relación entre los progenitores y las ganas de ambos de buscar el bienestar del menor.