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La charrería es motivo de orgullo y tradición de la cultura mexicana. Su práctica combina la equitación con diversas formas de jaripeo, actividades ecuestres y formas tradicionales de la ganadería.

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En México, la charrería es considerada como deporte nacional por excelencia y originalmente se desarrolló en las haciendas del país, donde los trabajadores intentaban vencer a otros con sus habilidades de montaje y lazado, lo cual transformó estas tareas en una forma de arte.

Por tal motivo, era de vital importancia preservar y conservar esta riqueza, motivando a todos los mexicanos a identificarse con la Patria a través de nuestras tradiciones, para lo cual se estableció el Museo de la Charrería, en lo que fue un antiguo monasterio dedicado a la Virgen de Montserrat.

Esta construcción es lo que queda de un monasterio que fue fundado en el siglo XVI, patrocinado por Diego Jiménez y Fernando Moreno. Originalmente, fue concebido para funcionar como un convento a cargo de la Orden de los Monjes Benedictos; sin embargo, con el paso del tiempo el inmueble sufrió varias modificaciones, como resultado de las múltiples funciones que le fueron destinadas.

Constantemente estuvo involucrado en disputas, y en algún momento llegó a estar habitado por monjes de San Jerónimo, aunque con el tiempo las disputas obligaron a cerrar el monasterio en 1821, cuando había solamente seis monjes habitándolo.

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Ya en tiempos del México independiente, el monasterio se usó como cuartel militar, museo de aeronáutica y archivo. Terminó por cerrarse al culto en la Guerra Cristera debido a los conflictos religiosos prevalecientes en esa década, por lo que el inmueble sufrió un grave deterioro provocado por más de 30 años de abandono.

En 1964 el edificio fue cedido a la Asociación Nacional de Artesanos y después de unos años, se cedió a la Federación Nacional de Charros, organización encargada de erigir el museo que hoy alberga, donde se incluye una amplia colección de obras de arte y artesanías, entre las que figuran monturas, charras, chaparreras, vaquerillos, anqueras, armas de agua, espuelas, frenos, riendas, reatas, sombreros, trajes de charros y armas de fuego.

La gran mayoría de las piezas exhibidas fueron donadas por personajes históricos aficionados a la charrería, tal es el caso de una montura que fue propiedad del emperador Maximiliano, además del revolver que perteneció al general Francisco Villa.