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Cuando uno está decidido a cambiar los hábitos alimenticios con el famoso: “me pongo a dieta”, puede no saber las dificultades que conlleva.

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Cambiar la dieta no significa seguir a rajatabla una sucesión de comidas que nos den en un papel; es mucho más: comprar, cocinar, cambiar alimentos, sabores, lidiar con la familia y amigos, entre otras cosas.

No es que sea una tarea imposible, pero siempre hay que prever estas pequeñas dificultades y saber cómo solventarlas de la mejor forma posible. Si estás pensando en cambiar tus hábitos dietéticos para mejorar tu salud, echa un ojo a los siguientes obstáculos que aparecerán en tu camino:

Cambios en los hábitos de compra

La dieta comienza en el supermercado. Hay que saber elegir muy bien qué alimentos comprar. Lo mejor es apostar por los alimentos frescos y evitar los procesados. Si te acostumbras a ir con una lista de compras, evitarás comprar a ciegas, moviéndote por caprichos culinarios. La compra debe basarse en frutas, verduras y hortalizas, pescado y carne frescos, huevos y legumbres.

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Probar nuevos sabores

Solemos tener una dieta muy restrictiva en alimentos, lo que conlleva a romper con uno de los pilares fundamentales de la dieta: la variedad. Un cambio de hábitos puede llevarnos a probar alimentos que ni sabíamos que existían, pero que son muy apropiados, por lo que debemos ir acostumbrando a nuestro paladar para no rechazar todo aquello que nunca hemos probado.

Estamos muy acostumbrados a alimentos ricos en azúcares y grasas, por lo que sabores algo más light como los que tienen las frutas y verduras pueden resultar “raros”. Todo es cuestión de enseñar a nuestro paladar y dejar a un lado los alimentos que suponen azúcares, grasas y sal.

Aprender a cocinar o hacerlo de forma diferente

No saber cocinar es una limitación a la hora de cuidar nuestra alimentación. Si solo sabemos meter alimentos en el microondas, horno o freír, estaremos muy limitados a la hora de incorporar nuevos alimentos y platos a nuestra dieta.

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El entorno influye

Una dieta o cambio de hábitos es mucho más llevadero si se hace en familia o con los amigos. Al tener objetivos en común, la motivación es mayor. Simplemente el hacer la compra es muy diferente si todos en casa queremos comer mejor o si solo lo quiere hacer uno.

Si todos en familia queremos mejorar hábitos, tenderemos a reducir el ambiente “engordante”. Sucede lo mismo con los amigos si salimos a comer fuera, ya que si todos tenemos un objetivo común, se tenderá a elegir mejor el lugar para comer y los platos.

En definitiva, cambiar o modificar hábitos alimenticios o ponerse a dieta no es tarea fácil, pero solventando estas dificultades, será menos difícil conseguir nuestro objetivo.