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La elección de ser padres en una pareja no es una decisión sencilla. En algunos casos tenemos la posibilidad de elegir el momento en el que deseamos traer al mundo a un ser humano, y otras veces, llegan sin aun estar del todo preparados.

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El punto de conflicto se ve, casi siempre, cuando uno de los dos no quiere tener hijos y es allí en donde nos encontramos, en la mayoría de los casos, con la ruptura de la pareja.

Existen muchos motivos por los cuales él o ella no desea, o no se siente preparado para tener un hijo. Lo más común es cuando uno de los dos ya tuvo la experiencia anterior de ser padre en su pareja o matrimonio anterior y por esta razón, no tiene intención de tener otro hijo.

Para la otra persona es un momento muy doloroso en donde empieza a sentir que a ese vínculo algo le está faltando y que de alguna manera, se está perdiendo la posibilidad de tener un bebé por seguir firmemente amando a su pareja.

También, existen otros casos en donde él o ella no se sienten lo suficientemente maduros o preparados para ser padre o madre, ya sea por el miedo a la crianza o educación, por el costo que ocasiona tener un hijo o bien, porque no se sienten del todo seguros para tenerlo con la persona que tienen al lado.

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A esto se suma que la mujer a veces suele sentirse ansiosa o teme a su reloj biológico. Aunque actualmente, los 40 años son los 30 de antes y no hay que alarmarse porque antes las parejas solían casarse muy jóvenes y a continuación tenían un bebé. En los tiempos actuales estamos alejados de ese parámetro y el casamiento ha sido reemplazado por la convivencia y para tener hijos, se espera un poco más. Prefieren viajar, ahorrar o desarrollarse profesionalmente.

Ante esta situación tenemos varias opciones, entre las que no entran la presión o el forzar la decisión de la otra persona.

En primer lugar, se debe tener una larga conversación, pero no con el otro, sino con uno mismo en total sinceridad, hacerse preguntas muy importantes que nunca se han hecho y que se dilatan en el tiempo sin resolución ninguna. Se debe pensar si se está seguro de querer tener un hijo y que no es un capricho momentáneo, es decir, que es un deseo sólido.

Exceptuando el tema económico, nunca estará de más investigar el por qué nuestra pareja no quiere tener un hijo. Pueden existir traumas, causas morales, miedo o incertidumbre, motivos que pueden no ser revelados en un primer momento pero sí confesados tras una charla abierta y calmada acerca de por qué la pareja no quiere tener hijos.

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Estas charlas no consisten en forzar la decisión, sino en tratar el tema desde un punto de vista sincero, pues posiblemente solucionar las razones por las que no quiere tener un hijo son más fáciles de resolver de lo esperado o bien tan sólo requieren de tiempo y paciencia.

Si llegado el momento te vuelve a recordar su misma decisión pero se aman mucho, entra en juego otro importante dilema: ¿tener hijos o mantener al amor de tu vida? Muchas parejas han decidido renunciar a los hijos por mantener su amor, una relación de muchos años, asentada, madura y con futuro. El valor de lo conocido ante la férrea búsqueda de lo desconocido.

Si finalmente ser madre o padre es tu mayor ilusión en la vida y tus intenciones superan la felicidad conyugal, posiblemente sea el momento de continuar por tu cuenta, quizás para volver en un tiempo, o para no hacerlo nunca.