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Dicen que el miedo a hablar en público es uno de los temores más extendidos en la sociedad.

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A muchas personas les cuesta ponerse delante de una audiencia y transmitir de forma convincente sus ideas. El hablar en público es una habilidad que abre muchas puertas en casi cualquier trabajo, ya sea en un salón ante miles de invitados o en una sala de juntas con unos cuantos directivos.

Dominar esta práctica no es sencillo, pues quedamos totalmente expuestos cuando la atención es solo para nosotros; sin embargo, hay varias técnicas muy sencillas para aumentar nuestra seguridad y que los nervios no se apoderen de nosotros.

Conocer el tema

Cuanto mejor conozcamos aquello de lo que vamos a hablar y cuanto más nos preocupemos por estos aspectos, menos probable será que nos equivoquemos. Si nos perdemos y sabemos de lo que estamos hablando, seguro que podremos retomar el discurso.

Organización con tiempo

Planificar con cuidado la información que queremos presentar, incluyendo métodos audiovisuales, nos ayudará a que nuestra presentación sea más exitosa. Cuanto más organizados estemos, menos nerviosos nos pondremos.

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Practicar una y otra vez

Practicar la presentación varias veces puede ayudar. Se puede hacer con amigos con los que haya confianza y de esta forma, podremos tener retroalimentación con su opinión. Otra forma es auto-grabarnos con una cámara para ver cómo podemos mejorar.

Visualizar el éxito

Imaginemos que nuestra presentación irá bien. Los pensamientos positivos pueden disminuir parte de la visión negativa sobre la actuación social y liberar algo de ansiedad. Hay que probar con respiración profunda, lo que ayudará a aportar calma a la situación.

Centrarnos en el material y no en la audiencia

Las personas suelen prestar atención a la información nueva y no a cómo se presenta. El público puede no notar el nerviosismo, pero si lo hace puede incluso simpatizar y ayudar a que la presentación sea un éxito.

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No temer a la existencia de silencios

Si se pierde el hilo o comenzamos a sentirnos nerviosos, nos puede dar una sensación de que ha pasado una eternidad, pero en realidad, es probable que hayan sido unos pocos segundos. Podríamos aprovechar estos breves instantes para realizar unas pocas respiraciones profundas.

Reconocer que el público es como nosotros

Quienes nos están escuchando son personas al igual que nosotros. Ése es el único pensamiento que debemos de tener presente; cualquier otra cosa que llegue a nuestra mente hay que tratar de alejarla porque será solo ruido que nos pondrá nerviosos.