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Es normal e incluso recurrente el uso de mentiras en el trabajo, ya que a pesar de que todo el mundo sabe que no es bueno mentir, se utilizan estas artimañas para salir de aprietos o evitar problemas; sin embargo, sea cual sea el caso, casi siempre generan más mentiras y pueden meter en mayores problemas tanto a quienes las utilizan como a quienes los rodean.

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La honestidad es un valor imperativo en cada trabajador y en su ambiente laboral, ya que decir una mentira, aunque sea piadosa, puede generar conflictos en la dinámica de los equipos de trabajo y en la empresa en general.

En ese sentido, una mentira puede ser altruista, cuando sirve para ayudar a alguien más, de manera que puede percibirse como justificable; e individualista, la cual se usa para encubrir un error propio o beneficiarse a sí mismo.

Según una encuesta hecha por especialistas en recursos humanos, más de 60 por ciento de los participantes consultados reconoció haber dicho mentiras alguna vez; sin embargo, señaló que las falacias fueron mayoritariamente orientadas hacia beneficiar o ayudar a otros.

Asimismo, para un importante porcentaje de los encuestados, resulta indiferente decir mentiras en la oficina y su percepción es que éstas no dañan el funcionamiento de la empresa.

Aunque en algunos casos, mentir y hacer trampa nos beneficia, puede implicar pérdidas emocionales y económicas, sentirse mal con uno mismo y generarse una carga de remordimiento, afectando de esa manera la psicología del trabajador. Asimismo, la pérdida de confianza en el empleado cuando se ha descubierto una mentira genera el deterioro de las relaciones interpersonales, además de escenarios desfavorables para el clima organizacional.

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Mentir oculta una situación de miedo y presión. Si se sospecha que algo se está haciendo mal, recurrir a la mentira evita el castigo del jefe o proporciona tiempo para atender asuntos pendientes y corregirlos.

Así, cuando un trabajador miente de manera frecuente, las posibilidades de que los empleadores lo detecten se amplifican y además de generar desconfianza, puede ocasionar la impresión de falta de profesionalismo y excluir al mentiroso en proyectos futuros. Por el contrario, la honestidad en el trabajo es considerada una habilidad profesional, que incluso se relaciona con la asertividad y el liderazgo efectivo.