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Uno de los conflictos más crueles de la historia de la humanidad anunciaba su final el 14 de agosto de 1945. El uso de las bombas atómicas contra Japón hicieron que se diera por finalizada la Segunda Guerra Mundial.

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Un acontecimiento así merecía interrumpir la proyección del filme que se presentaba en el Radio City Music Hall de Nueva York. En las afueras de la instalación, se empezaron a escuchar ruidos y se prendieron las luces. Entonces, alguien abrió la puerta y gritó: “¡Se terminó la guerra! ¡Los japoneses se rindieron!”, mucho antes de que el entonces presidente Harry S. Truman hiciera el anuncio oficial.

La sensación de alegría y éxtasis no tardó en contagiarse en el público, entre el que se encontraba George Mendonça, un joven que se había alistado en la Marina en diciembre de 1941, luego del ataque de la aviación japonesa sobre la bahía de Pearl Harbor, y quien esa tarde, tuvo su primera cita con una chica que conoció en una reunión familiar tras regresar de una misión en las costas de Filipinas.

En la euforia, la pareja decidió tomar unos tragos. En el centro de la Gran Manzana ya se congregaba una multitud de personas para celebrar. Al calor de las copas, salieron del bar y se acercaron a Times Square. La gente caminaba y se abrazaba de todas las formas posibles. La emoción se podía respirar.

Al mismo tiempo, Greta Zimmer Friedman, una asistente de dentista que trabajaba en la avenida Lexington, salió a la calle al enterarse del fin de la guerra. Ella y su hermana, nacidas en Austria, se habían escapado en 1939, dejando a sus padres, de quienes luego se enterarían que habían muerto en los campos de concentración.

En un momento, Mendonça y Zimmer Friedman coincidieron en la intersección de la Séptima Avenida con Broadway. Él, una tanto ebrio; y ella, vestida toda de blanco, que la confundió con una enfermera, y recordó el heroico comportamiento que habían mostrado meses antes a bordo del portaaviones USS The Sullivans, cuidando a los heridos de un ataque kamikaze japonés.

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Al verla, sintió un deseo irrefrenable de besarla. Era una forma de celebrar y de rendir homenaje a quien, suponía, había luchado codo a codo con él y los suyos. Cuando se dio cuenta de que un hombre la tomó con fuerza de la cintura y apoyó sus labios contra los suyos, Greta se quedó paralizada. No supo qué hacer.

Antes de que pudiera reaccionar, dos fotógrafos captaron el momento en que se besaron, imagen que fue publicada el 27 de agosto de aquel año en la revista “Life”, bajo el título “Victoria sobre Japón, el beso”. Ese beso que pasó a la historia como el más famoso de la historia. Después de eso, ambos dieron la media vuelta y se marcharon.

La fotografía de estos jóvenes anónimos tuvo un gran impacto entre los marineros y enfermeras al punto de que docenas de personas se atribuían ser los protagonistas. Tras una ardua búsqueda e investigación se dio con la identidad de los protagonistas y en 2012, George Galdorisi y Lawrence Verria redactaron “The Kissing Sailor” (El beso del marinero), el libro que reveló la historia detrás de “la foto que terminó con la Segunda Guerra Mundial”.