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Tres años después, ¿cuál será el verso, la mejor forma de recordar al Capitán? Robin Williams fue adorado en vida y añorado tras su muerte. Su recuerdo sigue más vivo que nunca, como queda de manifiesto en las renovadas muestras de cariño vertidas en las redes sociales por quienes le conocieron o a los que llegó con sus trabajos. Todas ellas coinciden en lo mismo; la muerte del intérprete, que se suicidó en su casa de Tiburón, California, el 11 de agosto 2014, fue demasiado tempranera.

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Tres años que han convertido el banco de los jardines públicos de Boston utilizado en “Mente Indomable” en lugar de peregrinación y ofrenda floral; un altar para quien echan de menos. San Francisco, la ciudad en la que vivió y amó, también le ha dedicado uno de sus lugares más icónicos, el túnel Waldo, como popularmente se conoce la entrada desde Marin County, el condado donde residía Williams y que ahora lleva el nombre del actor.

Su muerte fue una sorpresa mayúscula, algo que nadie esperaba. Nunca fue un secreto la lucha que emprendió para recuperarse de sus adicciones al alcohol y las drogas; y aunque recayó, tomó medidas proactivas para salir nuevamente. La sobriedad de Robin estaba intacta y fue valiente mientras lidió contra sus propias batallas de depresión, ansiedad, así como las etapas iniciales de la enfermedad de Parkinson, de la que aún no estaba listo para hablar públicamente.

Sin embargo, nadie pudo adivinar que su final fuera trágico. En lo que en un principio se sospechó era un suicidio y que luego se confirmaría, el actor fue encontrado ligeramente suspendido en el aire con un cinturón atado a su cuello por un extremo y el otro enganchado a la parte superior de un armario en su dormitorio.

Hollywood, tan ávido de noticias, ha destapado reportes que aseguran que Williams sí dejó distintos apuntes escritos para entender lo que le pasaba por la mente en sus últimos días de vida, pequeños pedazos de papel donde describía su angustia.

A tres años de distancia, aún es difícil imaginar tamaña ironía, el trágico adiós de un genio de la comedia, de un hombre que llevaba sus propios chistes a cuestas, más allá del guión asignado de turno.