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El consumo de bebidas alcohólicas en la vía pública o conducir en estado de ebriedad representan las dos faltas cívicas más recurrentes de los capitalinos. Es más, encabezan el “top ten” de castigos por mal comportamiento cívico.

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Pero todos entendemos que beber agua o refresco e ir comiendo “comida chatarra” por la calle no tendría por qué representar una falta cívica; sin embargo, en la localidad de Lucerna, en Córdoba, España, la policía piensa diferente.

Cuatro jóvenes estaban departiendo en una plaza y para ello, compraron pizzas y refresco y al concluir su convite, tiraron su basura en los botes correspondientes y siguieron platicando. No obstante, no contaban con la “astucia” de unos guardias del orden, quienes llegaron, supervisaron y concluyeron que el haber comido pizza y beber refresco de cola constituía una falta, por lo cual procedieron a imponer la multa correspondiente por “concentración y permanencia en la vía pública para el consumo de bebidas”.

Los agentes multaron con 300 euros a los jóvenes a pesar de que sus bebidas solo fueron refrescos y no estuvieron haciendo ruido ni dejaron nada sucio. De inmediato, los chicos publicaron en Facebook el insólito caso haciéndose viral, lo que ha propiciado que su alcance haya sobrepasado todas las expectativas.

Y es que aunque parezca todavía más inaudito, la legislación cordobesa prohíbe este tipo de conductas y cuenta con un “botellódromo” para el consumo de bebidas alcohólicas. La ley estipula que “la permanencia y concentración de personas que se encuentren consumiendo bebidas o realizando otras actividades que pongan en peligro la pacífica convivencia ciudadana fuera de las zonas del término municipal que el Ayuntamiento haya establecido como permitidas constituirá una infracción leve”.

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Claro está que no se especifica qué tipo de bebidas están prohibidas, y precisamente es en este vacío legal en el que se están escudado los jóvenes para expresar su indignación ante la multa y defender su derecho a convivir de manera pacífica y educada en las plazas de su ciudad que, al parecer, están para ser admiradas y no para que la gente se detenga a platicar, pues esta acción podría ser confundida con una amenaza para sus ciudadanos.