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A todos, sobre todo cuando se es novato en el gimnasio, hay días en los que nos cuesta mucho ir a entrenar. En ocasiones no nos sentimos con fuerzas para hacer ejercicio, y puede que pensemos en reservar las energías para entrenar otro día con más ganas.

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Aunque no pasa nada por faltar un día al gimnasio, también es verdad que, dependiendo de las circunstancias, puede ser útil ir al gimnasio aunque nos sintamos cansados. Eso sí, siempre hay que valorar los pros y los contras, y entrenar con inteligencia.

La cuestión es que el ir al gimnasio, aunque cansa y ocupa tiempo, también provoca, a mediano plazo, que el cuerpo esté más activo y dispuesto para la acción. Hay que buscar entrenar siempre con la mayor intensidad posible, sin olvidar dar al cuerpo sus tiempos de descanso, pero una cosa es descansar y otra muy distinta buscar excusas.

Un día no vamos al gimnasio porque hemos tenido mucho trabajo. Al día siguiente llueve, hace frío, y pensamos que lo mejor es no salir de casa, dejarlo para otro día más favorable. Otro día íbamos a ir al gimnasio, pero no hemos dormido bien y pensamos que es mejor no entrenar en esas condiciones.

Lo cierto es que no tiene sentido acudir a entrenar si es por una causa razonable, como una gripe o dolor intenso, pues se corre el riesgo de aumentar el problema o provocar alguna lesión por no hacer las cosas bien. Pero en esos días que no estamos al 100, que estamos algo cansados, sea por el estrés del trabajo o por otro tipo de problemas, acudir al gimnasio puede servir como una vía de escape.

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Es posible que no levantemos tanto peso como en uno de nuestros mejores días, o que nos cansemos mucho antes que de costumbre en la bicicleta elíptica, pero ese trabajo que hacemos es al 100 por ciento de lo que ese día nos permite nuestro cuerpo y, sin duda, nos va a reportar beneficios, a nivel físico y mental.

Cuanto más nos movamos, más activos estamos. Precisamente puede ser que no nos encontremos con fuerzas porque necesitamos un estímulo, actividad, algo que obligue a nuestro cuerpo a ponerse a funcionar. También puede ser una forma de desconectarse mentalmente, de concentrar nuestros esfuerzos en el entrenamiento y olvidarnos un momento de ese problema que tanto nos preocupa.

Así que fuera pretextos y no abandonemos el gimnasio por un día que nos sintamos cansados. Serán más los beneficios que el aumento de cansancio.