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Aquella sensación de sueño, pesadez y de no querer regresar a laborar después de haber comido se llama Somnolencia Postprandial, pero en términos coloquiales lo llamamos “Mal del puerco”.

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Este mal es una baja energética, producto de la actividad del sistema nervioso parasimpático, suele durar entre cinco y diez minutos y es ocasionado en el tracto digestivo, el cual afecta diariamente la actividad laboral.

Expertos en nutrición aseguran que la ingesta doble de alimentos, así como masticar rápido y una vida sedentaria, es una variante de “atracón” que más allá de ayudar al cuerpo a la hora de la comida, lo que hacemos es no permitirle una digestión correcta, y en consecuencia, se siente pesadez y somnolencia.

Al comer, el organismo genera calor para metabolizar los alimentos; ese idealmente sería el momento en el que uno se activa, pero si no comemos lo adecuado nos da sueño, nos sentimos pesados y no tenemos energía suficiente para seguir el trabajo.

Además, la ingesta de productos ricos en harinas, sales y azúcares refinadas, siempre al alcance de trabajadores que no tuvieron tiempo de cocinar en casa, originan más pesadez y tienen poco valor nutrimental.

Lo mejor es consumir porciones pequeñas en las que se balanceen proteínas y grasas, además de tener un buen hábito de beber medio litro de agua antes y después de comer para facilitar el trabajo del sistema digestivo al diluir los nutrientes.

Otro hábito que favorece el “Mal del puerco” es no desayunar, pues al aumentar el apetito en el transcurso de la mañana, la persona come todo lo que puede en la primera oportunidad y queda tan satisfecha que ya no cena, y repite el ciclo a la mañana siguiente.

Por lo anterior, hay que estar atentos a lo que se ingiere, pensar siempre en la calidad de los productos, así como preferir la comida casera.