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La adolescencia es la época en que los jóvenes se ven en la necesidad de luchar con la transición de la niñez a la edad adulta. Hasta ahora dependían básicamente de sus padres, pero en la edad adulta se espera que sean independientes y que tomen decisiones que afectarán a todo su futuro.

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Sin duda alguna es una época difícil, pues se tienen que enfrentar a cambios físicos, a las presiones para seguir lo que está de moda en ese momento, a la presión del grupo de sus compañeros, que les marcan en muchos casos un comportamiento contrario a las normas familiares y sociales, y por otro lado, también tienen que dar respuesta a las expectativas crecientes de los familiares, profesores y otros adultos.

Precisamente, es en este último punto donde surgen las comparaciones. Es parte de nuestra naturaleza y todos, absolutamente todos los chicos, lo hacemos. En muchas ocasiones, los adolescentes quieren ser como otra persona, tener las mismas cantidades de dinero, tener los mismos atributos o simplemente ser más atractivos, delgados, talentosos.

Para que las comparaciones no tengan repercusiones y dañen tu salud emocional, te dejamos algunos tips para dejarlas a un lado.

– Todos somos diferentes. Hay que entender que cada quien tiene un tipo de cabello, forma de cuerpo, estilo, altura, peso, personalidad y más. Si te sigues comparando con los chicos de a lado que miden casi dos metros o están más delgados, jamás llegarás a ningún lado. Es hora de que entiendas y aceptes que así deben ser las cosas, nada puede ser igual y de hecho, entre más diferente seas, más único y especial te volverás.

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– Cuando te comparas con alguien más, realmente te estás comparando con tu evaluación de esa persona. Por ejemplo, tú puedes envidiarle el cabello a esa chica, o su éxito financiero a tu amigo, pero recuerda, lo que estás comparando es solamente lo que estás percibiendo de ellos. Podría ser un cabello espectacular pero esa melena bien podría ser una peluca.

– ¿Por qué no podemos quitarnos ese mal hábito? Porque los medios de comunicación nos están bombardeando salvajemente con las imágenes del estilo perfecto, el peso ideal y el estereotipo que deberíamos cumplir. Olvídate de eso que supuestamente es lo mejor. Esto podría traer consecuencias desastrosas como los trastornos alimenticios.

– Es necesario que sepas que compararte con los demás es un mal hábito que, como cualquiera, puede ser erradicado si te esfuerzas en lograrlo. Cuando te comparas no tienes nada que ganar; de hecho sales perdiendo cada vez que lo haces. ¿Y qué pierdes? Parte de tu dignidad y autoestima.

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– Tú eres tú y solamente hay un/a tú en este mundo así que ¡abrázalo/a! Enorgullécete de tu cabello rebelde y nariz grande, después de todo son partes que, al ser combinadas, crean lo que eres: un ser único y especial y eso te da un valor.

– Si te comparas con otros, pierdes la noción de quién eres en realidad. Si lo haces todo el tiempo, rápidamente olvidarás la esencia de tu persona y empezarás a ser el reflejo de los demás.