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Imaginemos que nuestra pareja desarrolla una relación íntima a través de la red. Él y ella hablan a diario, comparten secretos y se “conocen” muy bien, pero todo esto sucede solo en la red. Ahora, imaginemos que nuestra pareja haga todo lo anterior pero en secreto.

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La pregunta surge entonces: los flirteos a través de las redes sociales, ¿son o no cuernos? Un correo electrónico o un mensaje en el Facebook pueden evidenciar que sí se está viviendo una infidelidad emocional, un nuevo fenómeno nacido de las redes sociales.

En otros tiempos era fácil definir una infidelidad. El o la infiel era la mujer o el hombre que tenía sexo con cualquier persona que no fuera su pareja.

Desde que las mujeres se incorporaron al mercado de trabajo, las fronteras se difuminaron y surgieron situaciones de confusa familiaridad con compañeros de trabajo que, a menudo, rebasaban el límite de la simple amistad.

Luego apareció Internet y, años después, las redes sociales y el asunto se enredó a tal punto que hombres y mujeres casados, en una relación formal o arrejuntados, se lanzaron a flirtear sin límites y nació una forma de infidelidad que los especialistas han dado en llamar “infidelidad emocional”. Es decir, esas situaciones ambiguas en las que una persona coquetea con otra, le envía mensajes especiales, correos cariñosos, pero no llega a consumar una verdadera relación.

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Sintiéndose bajo la protección de un anonimato engañoso, mucha gente que apenas se conoce se envía mensajes con claras alusiones e insinuaciones, pero si se les pregunta si son infieles, responderán con un rotundo NO.

Entonces, ¿es infidelidad un correo a la compañera de oficina diciéndole lo bien que le queda la faldita? ¿Un “Me gusta” en una foto sugestiva de un amigo de Facebook? Hay quienes dirán que son formas de comunicación inocente con amigos y compañeros, pero la duda nace cuando nos preguntamos si mostraríamos ese correo y ese “like” a la pareja. Si la respuesta a ambas preguntas es un no, tal vez estemos entrando en ese pantanoso terreno llamado infidelidad emocional.

Hay quienes lo llaman simple flirteo y otros, sin medias tintas, cuernos, porque entre ese inocente coqueteo y la auténtica infidelidad existe una relación parecida a la que hay entre el noviazgo y el matrimonio; uno lleva al otro, aunque no siempre. Es decir, puede jugarse a flirtear indefinidamente sin que ocurra gran cosa o el flirteo puede ser la antesala de una infidelidad en toda forma.

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Los defensores del flirteo suelen decir que se trata de un pasatiempo divertido y sin consecuencias, una manera de estrechar lazos con los amigos y conocidos, así como un modo de alimentar la autoestima, pero el asunto puede complicarse.

El universo de potenciales affaires ha crecido potencialmente. Si antes sólo se limitaba a los compañeros de oficina, hoy puede multiplicarse por el número de contactos en Facebook o seguidores en Twitter. Tener un amante virtual es tan deshonesto como tenerlo en la misma oficina o en el edificio de apartamentos donde se vive. Y una relación en la que uno de los dos es infiel probablemente está a punto de terminar, pues no se basa en la admiración, el respeto y la confianza mutua.