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Aunque ser minuciosos en lo que hacemos se suele considerar una virtud, lo cierto es que el perfeccionismo puede convertirse en un arma de doble filo.

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Estudios recientes sugieren que los costos de este rasgo de la personalidad superan a sus beneficios. Esto son cuatro inconvenientes científicamente probados de ser perfeccionistas.

– Adicción al trabajo: Hace poco, investigadores de la Universidad de Kent demostraron que ser perfeccionista y tener una alta motivación hacia el trabajo nos predispone a ser “workaholics”, es decir, adictos al trabajo. Esto explicaría por qué algunas personas tienden a trabajar siempre en exceso y compulsivamente, algo que se ve favorecido cuando los individuos establecen normas demasiado exigentes para sí mismos.

– Descenso de la productividad: Según un estudio publicado en “Canadian Journal of Behavioural Science”, los investigadores excesivamente perfeccionistas son menos productivos académicamente, ya que publican menos artículos y estos, además, tienen un menor impacto. Esto implica que la obsesión por la excelencia puede tener el efecto opuesto al deseado.

– Comer compulsivamente: Expertos de la Universidad Dalhousie, en Canadá, llegaron a la conclusión de que las personas demasiado perfeccionistas están más predispuestas a padecer el trastorno alimentario compulsivo o “trastorno del atracón”, menos conocido que la anorexia y la bulimia pero bastante común. Antes y después de estos atracones hay un estado emocional negativo, donde predominan la ansiedad elevada o el estrés. Según los autores, ocurre en las personas perfeccionistas porque sienten la necesidad de “escapar” de una realidad que les frustra por no haber alcanzado sus objetivos.

– Depresión: Un trabajo canadiense indicó que, dado que implica un nivel de autoexigencia difícil de satisfacer, el perfeccionismo causa estrés emocional y nos hace más vulnerables a la depresión, por lo que no es una actitud saludable.