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La tradición de regalar huevos como símbolo de vida y fertilidad comenzó mucho antes de la era cristiana, pero fueron justamente los cristianos quienes le otorgaron un significado de religiosidad.

huevos de pascua

Los huevos de Pascua representan la resurrección y la vida de Jesús de Nazaret. Además, se regalan en el marco de los primeros días de la primavera, la cual es la estación del año que se identifica con la fertilidad, lo que les da un significado adicional.

Se piensa que el origen de la tradición de comer huevos al finalizar el invierno es una reminiscencia de la Edad de Hielo. Tras el duro invierno, y cuando apenas quedaban provisiones, con la llegada de la primavera volvían las aves desde el sur (esto solo es aplicable al hemisferio norte) y empezaban a poner huevos, de los que se alimentaban los seres humanos hasta que podían volver a cazar con la llegada de mejores temperaturas.

Entre los siglos IX y XVIII, la Iglesia prohibió el consumo de huevos durante la cuaresma por considerarlo equivalente a la carne, y por ello la gente los cocía y los pintaba para diferenciarlos de los frescos y poder consumirlos el día de Pascua de Resurrección. Con el tiempo, estas tradiciones se incorporaron a la festividad de Pascua de Resurrección y hoy en día el huevo de Pascua es un símbolo universal. Para muchos, el huevo se asemeja a la resurrección como un símbolo de vida nueva.

En la Edad Media, el intercambio se hacia con huevos de tortuga o pato decorados con colores brillantes, en donde toda la familia se reunía para decorarlos y luego los regalaban a familiares y amigos. Con el tiempo, la tradición tuvo algunas variantes.

Los huevos de chocolate son una innovación “relativamente reciente”. Comenzó a principios del siglo XIX en Francia y Alemania principalmente, y se trataba de huevos macizos, ya que la técnica para hacer los huevos huecos no estaba desarrollada. Cada huevo era decorado con más chocolate o con flores de azúcar.

La innovación tecnológica de los siglos XIX y XX perfeccionó la chocolatería y la repostería en general, y ello permitió que los huevos de Pascua se puedan elaborar de forma masiva, volviéndose populares en todo el mundo.

Ahora bien, ¿por qué  si los conejos no ponen huevos, son ellos los que -según la tradición- los traen?

Bueno, cuenta la leyenda popular, que había un conejo en la tumba de Jesús cuando resucitó. Al verlo, el animal salió corriendo a dar la noticia. Como no podía hablar, llevó consigo un huevo pintado como símbolo de vida y resurrección.

El conejo de Pascua, al igual que el huevo, no es una tradición reciente. Sin embargo, sus orígenes como símbolo de Pascua se encuentran en la Alemania del siglo XVI, y en el XIX, en el mismo país, se tiene registro de los primeros conejitos de pastelería.

Para el siglo XVIII, los migrantes alemanes llevarían la tradición a Estados Unidos con el nombre de “Oschester Haws”, personaje que prometía premiar a los niños que se portaban bien. ¿El premio? Unos deliciosos huevitos de colores.