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Es difícil para muchas parejas iniciar una nueva vida, volver a casarse y además, reconstruir un hogar en donde, sin duda, la tarea más dura es establecer una relación de familia entre hermanastros; sin embargo, no es una misión imposible siempre y cuando se establezcan reglas para la convivencia.

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Los divorcios son cada vez más frecuentes y mujeres y hombres habitualmente vuelven a emparejarse y de esas uniones nacen hijos, pero también, cada uno ya tiene hijos de sus anteriores relaciones y en ocasiones, no sabemos dónde ubicarlos dentro de nuestro esquema de familia.

Ahora los niños tienen hermanos por parte del padre, por parte de la madre, por parte de la segunda pareja del padre, sobrinos que son hijos de medios hermanos y hermanastros con quienes tienen convivencia fraterna. Tienen madrastras que no se parecen en nada a las brujas de los cuentos y padrastros a quienes aman y a veces, pierden después del último divorcio de la madre.

Algunos chicos están felices con estos hermanos añadidos, mientras que otros no querrán tener nada que ver con estos que no son de su familia, pero sí tienen una relación con su padre o madre. Los hermanastros deben aprender que se trata de una situación permanente y tratar de mantener una relación cordial o amistosa.

La familia reconstruida obliga a tolerar las diferencias y a ofrecer nuestras virtudes, ya sean la tranquilidad, la solvencia económica, el humor, una familia extendida que respalda, la simpatía, la disponibilidad para el diálogo o lo que sea que acreditemos en beneficio de todos.

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Una familia reconstruida es siempre un desafío mayor. Los adultos tienen la obligación de cultivar el amor hacia los hijos que no son propios; si pretenden que los niños aprendan a convivir, se debe ser respetuoso y solidario, ya sea con sus hermanos de sangre o de vida, para que sientan unos y otros que están en su casa.

Como padrastro o madrastra, se debe ir despacio para tratar de establecer una relación afectuosa con los hijastros. Una buena arma es resaltar las cualidades y dejar la disciplina en manos del padre o la madre.

Una cosa importante es comunicar las reglas, los privilegios, las expectativas y las consecuencias a todos los niños de la casa. En general, las mismas normas deben valer para todos los niños, pero se deberá considerar hacer diferencias de acuerdo con la edad.

Como en toda relación, sobre todo si es forzada, los niños chocarán y puede ser que los conflictos sean serios. Para ello, no debe obligarse a ser amigos, pero sí recalcar que son parte de una familia. Pero esto no quiere decir que no se pueda estimular la relación entre hermanastros. Si tenemos chicos de edad similar, el llevarles a una actividad que ambos disfruten y en torno a la cual puedan establecer una relación, es buena idea. Puede ser un deporte o si les gustan los animales, una visita al acuario.

En caso de que haya mucha diferencia de edad, no es justo que los mayores deban estar obligados a paseos y actividades para pequeños. Se pueda planear cosas que les gusten a todos y en ocasiones, es buena idea conseguir una niñera para que cuide a los menores cuando se salga con los mayores al cine o a cenar. De esta forma, se sentirán igual de importantes.

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A la hora de corregir comportamientos, se debe acordar en pareja qué van a hacer. Las charlas deben quedar en manos del padre o madre, pero hay que actuar en torno a un sistema común.

Tener hermanastros es una oportunidad de crecer y sentirse más cómodos en un nuevo modelo de familia, pero si se fuerzan las cosas, sólo se logran resentimientos y no una relación agradable.