Seleccionar página

Al llegar a cierta edad, que para muchos son los 30 y para otros los 40, la presión por casarse y tener hijos empieza a asfixiarlos y para no tener que lidiar con ello, especialmente si la presión viene de la familia, las personas optan por hacer lo que “dicta la tradición”, aunque en realidad no lo deseen, y lo hacen sin medir las consecuencias.

presion social casarse

Esta presión no escrita parte de la sociedad, sobre todo del entorno inmediato que es la familia, la que en primer lugar deposita una expectativa en la vida de los hijos, sobre a qué edad deben casarse y procrear hijos, lo cual muchas veces influye en la toma de decisiones, lejos de tomar en cuenta qué desean en realidad para sus vidas.

Dentro del hogar, se deja ver que la familia es la unidad básica para que la sociedad persista. Romper con estos “ideales” puede volverse un verdadero dolor de cabeza, pero es mejor enfrentar las cosas antes de hacerlas, y no tratar de resolver un problema cuando ya se está dentro.

Para lograrlo, algunos especialistas recomiendan que lo primero es contactar consigo mismo y preguntarse cuál es el modelo de vida que cada quien quiere llevar, desde si se quiere o no tener una pareja, qué clase de relación se quiere con esa pareja y si se ve con esa persona a corto, mediano o largo plazo.

Lo que no es sano es que desde el inicio de una relación se empiece a determinar el tiempo que se planea estar con esa persona; lo mejor es llevar la relación de forma tranquila y seguirse conociendo para también saber más o menos qué desea la otra persona y si está en el mismo canal que nosotros, es decir, si hay una compatibilidad de intereses.

Cuando las personas ya tienen una pareja estable y con la cual han durado varios años, generalmente empiezan a escuchar comentarios cada vez más recurrentes respecto a cuánto más van a esperar para casarse, y es ahí en donde las personas deben preguntar de forma directa a quienes le hacen la sugerencia “¿para qué quieres que me case?, ¿qué ganas tú si yo me caso?”. Pero si es la pareja la que insiste en el deseo de casarse, y la otra no quiere, entonces se debe revisar por qué razón no quiere hacerlo si está seguro de querer a la persona.

miedo compromiso anillo

Cuando son los amigos los que están presionando es mucho más fácil enfrentarlos porque están a nuestro nivel y les podemos dejar bien claro que ellos no pueden decidir por nosotros y marcarles límites. El problema es cuando son los papás los que presionan, pues muchas veces los sentimientos se interponen y no nos permiten decirles “no intervengas, yo tomaré la decisión cuando yo quiera”.

Para evitar que se llegue a tomar una decisión sin realmente desearla o por el hecho de cumplir con las “tradiciones”, es importante hacerle saber a los demás cuáles son realmente nuestras prioridades sin necesidad de pelearse con la familia o amistades sobre la frecuente presión con la que suelen asaltarnos mañana, tarde y noche.

Los tiempos han cambiado y la mentalidad del hombre evoluciona a la par, momento perfecto para hacerle ver qué decisiones como el casamiento deben ser personales y que nadie ni nada debe incidir en éstas.