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El miedo al rechazo es una sensación común entre muchas personas, que consiste en dejarse llevar por un pánico irracional ante amenazas que, en la mayor parte de los casos, no son reales.

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La falta de confianza en uno mismo o malas experiencias en el pasado pueden hacer desarrollar este tipo de actitudes que acaban convirtiéndose en un lastre para un desarrollo pleno de la personalidad y a veces impiden tomar actitudes o decisiones vitales importantes.

Cuando una persona tiene ese temor, se cree observada y juzgada, pero en realidad, la mayoría de las veces, la única mirada acosadora proviene de sí misma.

El rechazo es parte del crecimiento, ya sea en el trabajo, en las relaciones o en la vida. Es imposible evitarlo si realmente queremos desarrollarnos como personas. El rechazo nos ayuda a descubrir nuestros puntos ciegos, aprender más sobre nosotros mismos y, en última instancia, a crecer.

La única manera de evitar el rechazo es quedarnos dentro de nuestra zona de confort, en cuyo caso no podremos avanzar.

El miedo al rechazo esconde el recuerdo de todas las experiencias anteriores, así que para superarlo, debemos entender también cómo esos rechazos del pasado impregnan y afectan a nuestra forma de pensar.

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Superarlo implica aprender a ver el rechazo desde otras perspectivas, las cuales incluyen el entender cómo nos rechazamos a nosotros mismos y cómo establecemos pautas de repetición sobre esa conducta:

– No lo tomemos como algo personal: Cuando nos acercamos a alguien y nos abrimos, lo más seguro es que un rechazo nos haga sentir mal. Es por eso que la mayoría de las personas tienden a tomar los rechazo de forma personal y suelen sentirse heridas. Por supuesto, este tipo de pensamiento no ayuda, por lo que hay que reconocer que es un rechazo a la petición, no a nuestra persona.

– Mantener el enfoque de control: Hay dos enfoques de control en la vida; el externo, el cual se refiere a cualquier cosa fuera de nuestra esfera de influencia, tales como el medio ambiente, los colegas, la sociedad y el mundo exterior; y el interno, que se refiere a lo que está dentro de nuestra esfera de influencia, es decir nuestros pensamientos, sentimientos, acciones, comportamientos, etc.

Alguien con un enfoque de control externo ve al mundo como el controlador principal de su universo. Por el otro lado, alguien con un alto enfoque de control interno ve que él/ella es el único determinante de su realidad.

La mayoría de las personas adoptan un alto enfoque de control externo al encarar el rechazo. Pierden confianza en sí mismos y se ven a sí mismos incapaces, no preparados, o incluso inútiles; sin embargo, eso no resuelve la situación. Sólo nos deja en una espiral descendente, que no sirve a ningún otro propósito que no sea hacernos sentir mal.

La mejor manera de manejar los rechazos es mantener el enfoque de control. En la vida, siempre habrán personas que digan que no, la clave está en aprender a hacerle frente a estas personas y no dejarse derrotar por ellas.

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Aprender del rechazo: Siempre hay una razón detrás de cada rechazo. A veces puede ser una idea mediocre, una falta de coincidencia de las necesidades, una mala presentación, el mal enfoque, una incompatibilidad de valores, un malentendido y así sucesivamente. Si podemos entender la razón detrás del rechazo, podemos hacer las cosas de diferente manera la próxima vez. Esto será sumamente útil para nuestro crecimiento.

– Tomar el rechazo como una progresión, no regresión: A la mayoría de las personas no les gusta el rechazo porque lo asocian como una regresión y un desperdicio de tiempo y esfuerzo para nada. Contrariamente a la creencia popular, los rechazos son progresión, no regresión. Son un paso adelante para saber qué quiere la gente, qué pasa en realidad y cómo mejorar para lograr nuestros objetivos.