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Es frecuente dibujar a la suegra como un personaje cruel o ridículo que solo crea problemas entre el matrimonio.

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Aunque a veces miramos esto como algo muy lejano, siempre llega un día en que alguno de nuestros hijos comienza una relación y, dependiendo del formalismo, llegue incluso al altar. Nos guste o no, la pareja de nuestro hijo o hija será parte de la familia y lo mejor es crear un ambiente de amabilidad y respeto mutuo.

Antes que nada, debemos tener en cuenta de que nadie viene a quitarnos a nuestro hijo (a), ni nos está robando nada, por lo que no debemos de ver esto como una competencia con la pareja de nuestro hijo (a) por el amor de éste. Todo lo contrario, debemos de estar agradecidos de que esa persona ame a nuestro hijo (a) y que ha podido ver en él o ella a una persona maravillosa con quien compartir la vida y sus desafíos.

Otra buena idea es dedicar tiempo para conocer a la persona con la que se une nuestro hijo. Hay que hacerle saber a esta persona que nos sentimos felices porque se une a nuestra familia, tratarla con amabilidad, integrarla de manera natural y hacerla sentir aceptada. Si en el pasado hubo problemas o desacuerdos, no hay nada mejor que hablarlo y ofrecer disculpas o recibirlas.

Lo mejor es nunca hablar mal de nuestra nuera o nuestro yerno; y también, no permitir que alguien más lo haga. Seguir esta conducta solo generará resentimiento, desconfianza y distanciamiento. No se trata de poner a nuestro hijo (a) en la disyuntiva de elegir entre nosotros y su pareja, pues podemos llevarnos una sorpresa que tal vez no nos guste.

Si de consejos se trata, lo ideal es que si no nos los piden, mejor ni abramos la boca. Por muy buenas que sean nuestras intenciones o por mucha experiencia y conocimientos que tengamos como padres, recordemos que cada quien toma sus decisiones, aunque esto implique sufrir una mala experiencia. Quizá lo que creemos que es lo correcto, no implica que para todos lo sea. En dado caso de que lo pidan, hagásmoslo de buena intención, y si en ese andar no lo siguen al pie de la letra, tampoco debemos sentirnos ofendidos.

Por último, hay que ser prudente en las visitas y reuniones familiares. Por mucho que deseemos mantener a la familia unida, recordemos que esto no se logra por obligación y deber, sino por deseo y amor.