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Esta frase hace alusión a actos que suelen ser muy llamativos y ostentosos, pero poco prácticos y útiles en la realidad.

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El origen lo podemos encontrar en 1597, en una estrategia usada por el capitán Hernán Tello de Portocarrero para que sus tropas españolas pudiesen ingresar en Amiens, durante las guerras de Flandes.

El militar habría arrojado intencionalmente unas canastas llenas de nueces en el ingreso principal a dicha plaza enemiga, provocando mucho ruido y la distracción de los vigilantes, quienes se agacharon a recogerlas y quedaron así indefensos ante el ataque de las tropas españolas. De esta forma, los españoles conquistaron la ciudad, aunque posteriormente fue recuperada por los franceses, pero la astucia de la estratagema habrían dado origen al dicho: “ser más el ruido que las nueces”.

Dicha frase, además, fue el título de una obra del afamado dramaturgo británico William Shakespeare, quien la escribió allá por 1600. En ella, se critica el acartonamiento de la sociedad italiana de la época cuando las formalidades ocupaban un irritante lugar de privilegio.