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“En la salud y en la enfermedad… Hasta que la muerte nos separe”. Estas son las palabras que las parejas repiten el día de su boda. Muchos años más tarde, después de pasar por todos los altibajos de la vida, las parejas se enfrentan a muchas encrucijadas juntas.

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Una de las etapas más importantes es el retiro, que a menudo, es considerado como una decisión individual; sin embargo, muchas veces uno no tiene el control total sobre la decisión de retirarse; a veces esa decisión se deriva de un recorte de personal y otras veces puede ser debido a cuestiones de salud. Cualquiera que sea el caso, si se está casado o en pareja, es importante platicarlo con la otra persona, aunque esto no significa que necesariamente deban retirarse juntos.

Cuando uno es joven, muy pocas veces nos pasa por la cabeza lo que podría suceder en el momento que se decida retirarse y muy pocas parejas organizan sus proyectos familiares y personales de tal manera que se cuente con un plan de jubilación.

Para conformar un plan de retiro es necesario compartir su información financiera: cuánto ganan, inversiones, manejo de sus deudas, si tienen seguros, etc. Así podrán dividirse los gastos de acuerdo con sus ingresos, destinar una parte al ahorro común para afrontar la educación de los hijos y otra parte, destinarla a los proyectos individuales como a un plan personal de retiro.

Especialistas sugieren conformar planes individuales, ya que cada uno puede tener visiones distintas de cómo les gustaría jubilarse, pero que en el largo plazo resulten complementarios. Para que esto pueda volverse una realidad, se deben tener en cuenta los diferentes escenarios :

1.- Que ambas personas tengan derecho a una pensión, si cotizan a alguna institución de seguridad social: Si los dos cotizan a alguna institución de seguridad social, hay que comenzar por saber qué Afore administra nuestra cuenta para el retiro. Una vez localizada, podemos solicitar asesoría para calcular cuánto nos tocará de pensión. Si queremos mejorar ese monto, podemos hacer aportaciones voluntarias para alcanzar nuestra meta de ahorro. Este sistema da rendimientos por encima de otras opciones de inversión.

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2.- Que una persona cotice y otra sea trabajador independiente y que por lo tanto carezca de prestaciones: Cuando una de las dos personas sí cotiza al IMSS o al ISSSTE es recomendable que afilie a su pareja para tener un respaldo en caso de presentarse un problema de salud. La persona que no está afiliada puede abrir una cuenta de ahorro en una administradora de fondos para el retiro y hacer aportaciones voluntarias. Esto puede complementarlo con algún plan de ahorro con aseguradora o con un fondo de inversión especializado en el retiro.

3.- Que ninguno cotice a algún instituto de seguridad social: Para asegurar atención médica, puede inscribirse de forma independiente al IMSS al Seguro de salud para la familia. Se paga una vez al año y el costo depende de la persona afiliada. También, se puede contratar un seguro de gastos médicos mayores; sin embargo, mientras la persona sea más grande, será más costoso contratarlo y difícil renovarlo.

Por último, para tener ingresos, puede abrirse una cuenta con aportaciones voluntarias en una Afore, adquirir bienes inmobiliarios para renta, conformar un ahorro en fondos de inversión, mantener dinero en dólares, en euros o inclusive, en oro, o contratar planes para el retiro con aseguradoras.