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Conocido popularmente en México como “El Palacio Negro”, el Palacio de Lecumberri fue originalmente construido como penitenciaría y actualmente es sede del Archivo General de la Nación, pero además, es uno de los lugares de nuestra capital que más historias y leyendas tiene.

lecumberri

Fue escenario de dolor, injusticias y crueldad; la cárcel mexicana con el peor de los pasados y la más temida. Un edificio imponente y lúgubre que guarda en sus paredes y pasillos, dolorosos momentos de un pasado común que durante siete décadas y media fue “el infierno en la tierra”.

“El Palacio Negro” se inauguró el 29 de septiembre de 1900 por Porfirio Díaz, como consecuencia de la Reforma al Código Penal de 1871, mismo al que se anexó un proyecto arquitectónico para la creación de una penitenciaría, el cual estuvo a cargo de los ingenieros Antonio Torres Torija y M. Quintana.

El edificio responde al denominado modelo panóptico, con una rotonda o cuerpo central poligonal destinado al cuerpo de vigilancia de la penitenciaría, y radial, mediante galerías de forma estrellada que convergen en el espacio central, en el cual se erigía una torre de 35 metros de altura destinada para la vigilancia de todo el penal.

Originalmente, estuvo planeado para albergar una población de 800 varones, 180 mujeres y 400 menores de edad. Contaba con 804 celdas, talleres, enfermería, cocina y panadería. Las crujías tenían celdas para un solo preso con cama y servicio de sanitario. En cada crujía existía una celda de castigo con puertas sólidas que tenían una mirilla.

En 1908, se dio autorización para ampliar la construcción que originalmente tenía una capacidad para 996 internos y para 1971, contaba con una población aproximada de tres mil 800 internos.

Entre los prisioneros famosos que ingresaron al Palacio de Lecumberri destacan David Alfaro Siqueiros, Valentín Campa, Heberto Castillo, José Agustín, José Revueltas, William Burroughs, Juan Gabriel, y el escritor colombiano Álvaro Mutis.

Fue aquí mismo que el presidente Francisco I. Madero, así como el vicepresidente José María Pino Suárez, fueron asesinados en 1913, durante “La Decena Trágica”. Además, tambien sirvió para asesinar y encarcelar a miles de jóvenes durante el movimiento estudiantil de 1968, la mayoría de ellos, torturados con golpes y ráfagas de electricidad en sus partes genitales.

Durante sus 76 años como prisión, hubo dos escapes. Uno fue el de Alberto Sicilia Falcon, quien escapó a través de un túnel que cruzaba la Avenida Héroe de Nacozari; el otro, el de Dwight Worker, un narcotraficante estadounidense de cocaína, con la ayuda de su esposa disfrazado de mujer.

interior lecumberri

Su tétrico pasado que dejó en la memoria de los habitantes de la capital mexicana, acabó el 27 de agosto de 1976 al ser clausurado por su último director, Sergio García Ramírez, y un año después, a petición de un grupo de historiadores, el entonces presidente Luis Echeverría Álvarez concedió la posibilidad de convertirlo en el Archivo General de la Nación.

En este lugar se hallan custodiados documentos de gran importancia, entre ellos, los originales del Acta de Independencia del Imperio Mexicano, Los Sentimientos de la Nación de José María Morelos y Pavón, las Constituciones de Apatzingán de 1814, la Constitución Federal de 1857 y la Constitución Política de 1917, el Plan de San Luis, el Plan de Ayala, las Cartas de Juárez, así como manuscritos de Sor Juana Inés de la Cruz y de la Santa Inquisición.

 

Ana E. Martínez-Gracida Núñez

Twitter: @Moroccotopo77