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Casarse no es un trámite más, es un gran paso que hay que saber dar, con convicción y la idea del “para siempre”. Por eso, no es cuestión de tomarlo a la ligera.

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Todavía existen aquellos casos de mujeres u hombres que se casan pensando que todo será mejor después. Pues no es así, y si bien divorciarse parece cada vez más sencillo, el alto crecimiento de este número no es solamente alarmante, sino también desmotivante. Por eso es importante poner atención a los siguientes puntos antes de dar ese importante paso:

– Pensar en la expareja: Si aún continuamos pensado en nuestra anterior pareja, es la principal pauta de que no debemos casarnos. No es posible proyectar un futuro, y que éste sea exitoso, si aún por nuestra cabecita continúa rondado el fantasma de un examor. Es momento de tomarse un tiempo y superar el pasado de una vez por todas. Conseguido esto, podremos tomar la sabia y fuerte decisión de encarar una nueva relación.

– No somos compatibles sexualmente: Lamentablemente, el amor no lo es todo para casarse. El sexo en la pareja es un elemento fundamental para que ésta funcione. No es suficiente que el hombre o la mujer que está a nuestro lado sea una excelente persona, ame los niños y que sea muy buen padre o madre. La falta de compatibilidad disminuye el deseo sexual, lo que lleva a satisfacer esa necesidad fuera de casa.

– No estamos listos para ser padres: A menos que se haya hablado con la pareja con anterioridad, y decidido no tener hijos, si todavía no nos sentimos preparados para ser padres tampoco es momento para casarse. Al matrimonio y la vida en pareja, le siguen los hijos. Un niño demanda mucho tiempo, dinero, cuidados, y si no estamos listos para ello, corremos el riesgo de que caiga la relación.

– No somos fieles: Aunque cada vez hay diferentes modos de ver el amor, por costumbre el matrimonio es monogamia, y si bien, una infidelidad puede llegar a ser perdonada, la mayoría de las veces termina quebrando la relación. Si somos de las personas que no podemos mantenernos fieles a la pareja durante el noviazgo, tampoco lo podremos ser una vez casados.

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– No estamos enamorados: Si el amor ha decaído y ya no sentimos lo mismo, mucho menos lo sentiremos estando casados. El amor no renacerá con el matrimonio, sino que debe ser fuerte para sobrevivir a los avatares de la rutina del “para siempre”. Por lo que casarse estando inseguros de nuestros sentimientos, solo nos llevará a una relación infeliz, y desperdiciar la oportunidad de pasar el resto de nuestra vida con quien realmente amamos.

No es lo mismo la boda que el matrimonio. La boda es un festejo y dura solamente un día. El matrimonio, en cambio, es trabajar todos los días para que la relación prospere y es allí donde surgen los problemas que pueden llevar al fracaso. Casarse es una determinación que debes pensar bien y con calma.