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Al transitar por la avenida Bucareli resulta difícil imaginar que antaño fue una bella calzada sombreada por tupidos fresnos, que se llamó “Paseo Nuevo”.

palacio de cobian de frente

Esta importante vía la mandó construir el virrey Antonio María de Bucareli, por lo que no tardó el pueblo en bautizarla como Paseo de Bucareli, la cual fue inaugurada en 1778 y se volvió un sitio de encuentro de la sociedad capitalina.

Tenía tres hermosas fuentes, de las cuales sólo sobrevivió la que ahora adorna la recién renovada Plaza de Loreto, atribuida por algunos a Manuel Tolsá y por otros a Lorenzo de la Hidalga.

Al paso del tiempo, se levantaron hermosas construcciones sobre esta calle, la mayoría ya desaparecidas. Entre las pocas sobrevivientes está el Palacio de Cobián, actual sede de la Secretaría de Gobernación.

El origen del Palacio de Cobián se remonta a 1902, cuando don Feliciano Cobián y Fernández del Valle, importante empresario algodonero y miembro de una destacada familia de banqueros, decidió mudarse con su familia de la Comarca Lagunera, donde había amasado una gran fortuna, a la Ciudad de México, adquiriendo para tales fines el predio donde hoy se encuentra el palacio.

Feliciano Cobián casó con su prima hermana, Rosalía, y quiso darle la mejor residencia que estuviera a su alcance, así que adquirió el predio que antiguamente había albergado las oficinas y el depósito del “Tranvía de México, Tacubaya y Mixcoac” y contrató al arquitecto Emilio Dondé, famoso por haber diseñado y construido la iglesia neorrománica de San Felipe de Jesús, para edificarla.

Para fortuna de don Feliciano, el arquitecto Dondé construyó el Palacio de Cobián en tan solo ocho meses, ya que se aprovecharon fragmentos de la edificación preexistente, aparentemente de muy buena factura y cuyos sólidos cimientos resultaron sumamente útiles.

En general, la composición arquitectónica responde a un masivo ornamento cintado en los arcos de medio punto de la planta baja, así como un tratamiento más ligero y ornamentado en la planta alta, con fustes jónicos y los dinteles, cornisas y guirnaldas tradicionales. El pretil sustituye los tradicionales balaustres con redondeles ligados y en los remates aparecen jarrones cónicos.

palacio de cobian

Muchas son las versiones que se dicen sobre lo que ocurrió después. En 1909, en vísperas de las fiestas del Centenario de la Independencia de México, el Gobierno de la República expropió el Palacio de Cobián aduciendo que existía un severo problema de adeudos tributarios sobre el impuesto predial de la residencia, pasando ésta a manos del Ministro de Hacienda, José Yves Limantour, quien la asignó a la cartera de Gobernación para oficinas, las cuales son sede de la Secretaría de Gobernación hasta hoy en día.

A la caída de Porfirio Díaz, las propiedades y la producción algodonera de la familia Cobián se vieron aún más afectadas, pues la Revolución las destrozó. Los hijos de don Feliciano vendieron parte de sus tierras para mantener su fortuna, logrando hacerse de liquidez algunos años más; sin embargo, la gran mayoría les fueron expropiadas por los gobiernos posrevolucionarios de los años 30.

Feliciano Cobián murió en 1936 en una residencia en la calle de Lucerna, muy cerca del magnífico palacio que un día edificó para su esposa y que permanece, hasta la actualidad, como símbolo del poder del Estado; uno de los más bellos edificios de la capital del país, que de una u otra forma, se mantiene también como muestra del resplandor de la añeja gloria que distinguió a las familias de la aristocracia mexicana del siglo XIX.

 

Ana E. Martínez-Gracida Núñez

Twitter: @Moroccotopo77