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Hace más de cien años, un ave desorientada despertó en la mente de un farmacéutico alemán una ingeniosa idea que le convirtió en un pionero de la fotografía aérea. Julius Neubronner consiguió imágenes a vista de pájaro mediante el uso de pequeñas cámaras fotográficas acopladas al cuerpo de palomas mensajeras.

Pigeon cameras

Una mañana de principios del siglo XX, un farmacéutico alemán esperaba inquieto el regreso de una de sus palomas mensajeras.

No era habitual que ninguna de sus aves se demorara tanto en volver. Estaban bien entrenadas y cada día cumplían diligentemente con su labor: transportar medicamentos hasta el sanatorio de Falkenstein, en una localidad cercana a Kronberg im Taunus, donde residía este boticario llamado Julius Neubronner.

Julius sentía gran fascinación por el cine y la fotografía, por lo que se mantenía siempre al corriente de los últimos avances. De hecho, poco después de la llegada del cinematógrafo a Alemania a finales del siglo XIX, Neubronner realizó una serie de películas amateur, convirtiéndose en uno de los primeros realizadores no profesionales del país germano.

El ave perdida debió de desorientarse por culpa de la espesa niebla que cubría ese día la ciudad, y los días y las semanas pasaron sin que regresara hasta un mes después; el animal apareció sano, salvo y bien alimentado.

Neubronner, intrigado por el misterioso viaje de su mensajera y movido por su afición a la fotografía, comenzó a dar forma a una idea: colgar una pequeña cámara a sus palomas para tomar imágenes aéreas.

Sabía que el aparato no debía ser muy pesado, así que él mismo comenzó a desarrollar un dispositivo ligero que pudiera acoplarse al cuerpo de las aves mediante un arnés. Quería tomar imágenes a vista de pájaro.

Esos sistemas habían dado lugar a las primeras fotografías aéreas de la historia.

(Fuente: SINC)