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El colesterol se relaciona con las enfermedades cardiovasculares y por suerte, la gente trata de controlar sus niveles cada vez más. Es importante saber que el colesterol, dentro de los niveles adecuados, es imprescindible para muchas funciones hormonales, neuronales, etc.

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Dentro de lo que conocemos como colesterol hay dos fracciones o tipos:

– El colesterol “bueno” que son lipoproteínas de alta densidad o LAD.

– El colesterol “malo” que son lipoproteínas de baja densidad o LBD.

El colesterol “bueno” o LAD favorece que las grasas nocivas o el colesterol “malo” no se oxiden al entrar en contacto con los radicales libres sanguíneos y fluyan correctamente al hígado donde serán procesados y eliminados adecuadamente.

El colesterol “malo” cuando se oxida es devorado por unas células llamadas macrófagos y el problema es que estas, ahora llenas de grasa, tienden a pegarse a las arterias pudiendo acabar dañándolas y sobre todo, obstruyéndolas.

Para que el colesterol “malo” no se oxide y sea realmente perjudicial para nuestro sistema cardiovascular es básico el consumo de alimentos antioxidantes, pues ayudan a que el colesterol “bueno” realice correctamente sus funciones.

Entre los alimentos que tienen esta característica están aquellos ricos en vitamina C y E, como la fresa, kiwis, naranjas, papayas, pimientos, pepino, el perejil y en general, los cítricos; también los frutos secos como nueces, almendras, avellanas, y las semillas de sésamo, girasol y calabaza que nos aportan gran cantidad de vitamina E.

También, se puede agregar a la dieta zanahorias, albaricoques, calabaza y brócoli que son alimentos muy ricos en el antioxidante llamado betacaroteno. Asimismo, la cúrcuma, aguacates, poro, frutos del bosque, germinados y el açai son algunos alimentos especialmente muy ricos en diversos tipos de antioxidantes.