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Además de ser una avenida elegante, el Paseo de la Reforma es el aparador de la ciudad por excelencia desde que Maximiliano de Habsburgo mandó trazarla como vía imperial.

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Uno de los principales atractivos de Paseo de la Reforma son sus glorietas, ya que cada una cuenta con un espectacular monumento. Las glorietas de esta vía llegaron a ser 12, sin contar la de Peralvillo que siempre formó parte y es símbolo y punto de partida de la Calzada de Guadalupe. En la actualidad, son nueve glorietas, considerando la de la Fuente de Petróleos en el cruce con el Anillo Periférico, y descontando las que ya no existen.

En 1864 se le encargó el proyecto de construcción de Reforma al ingeniero en minas austríaco Luis Bolland Kuhmackl, quien consideraba construir un paseo muy amplio, con avenidas arboladas que contaría con fuentes y camellones. Toda una belleza digna de Europa.

En el proyecto original sólo estaba incluida una glorieta, que marcaría aproximadamente la mitad del trayecto. Lo curioso es que esta glorieta no ha tenido ningún monumento histórico, sino una palmera en su centro. La Glorieta de la Palma, como usualmente se le conoce, se encuentra a la altura de las calles de Río Rhin – Niza; y en una de las esquinas y frente a ella, se encuentra en la actualidad el corazón financiero de nuestro país, la Bolsa Mexicana de Valores.

Aunque han existido proyectos e incluso debates en relación a la posibilidad de instalar un nuevo monumento en esta glorieta, hasta ahora y desde su construcción en 1865 se ha respetado el espacio donde se mezcla la urbanidad con la naturaleza. Uno de esos intentos de trasladar la palmera se dio en 1996, cuando un grupo de intelectuales propuso enviarla a un jardín o a Ciudad Universitaria, pero el Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM planteó que debía permanecer por ser parte de la semblanza de la Ciudad.

La palmera pertenece a la especie Phoenix canariensis y mide 25 metros de altura. En el mundo sólo existen 23 ejemplares del mismo tipo y pueden llegar a vivir hasta dos siglos.

Aunque no se tiene registro de cuándo fue sembrada la palmera, sí podemos decir con certeza que tiene un centenario de vida, y goza de cabal salud.

Para muchos de los capitalinos, se ha vuelto una costumbre ver y disfrutar día con día de la belleza de tan longeva palmera y sería difícil resignarnos a perderla, pues ella, al igual que la Puerta de Alcalá, ahí está, viendo pasar el tiempo de esta ciudad.

 

Ana E. Martínez-Gracida Núñez

Twitter: @Moroccotopo77