Seleccionar página

Esta expresión la utilizamos para censurar a toda persona que se mete en asuntos que no le importan o toma parte en un acto o conversación a la que no ha sido llamada, ni se le ha pedido su opinión.

vela entierro

Al parecer, la frase tiene su origen en una determinada costumbre o rito funerario que se llevaba a cabo en algunas regiones, en las que en los velatorios se entregaban velas a los familiares y personas más cercanas al difunto, las cuales se debían mantener encendidas durante toda la ceremonia, como símbolo de la vida eterna, que no se apaga con la muerte del cuerpo.

Si no se entregaba esa vela es porque no se era muy allegado; de manera que los asuntos importantes que allí se podían tratar no eran de su importancia, pues no se tenía la suficiente cercanía como para que su opinión fuera considerada. Algo similar al sentido con el cual sobrevive la frase en la actualidad: la de no inmiscuir a personas ajenas en los asuntos de los demás.