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Transgresor, conflicto de la personalidad contra la costumbre, Salvador Novo fue un hombre de contrastes; muy joven se enfrentó a la censura, a las “buenas conciencias”, a esa sociedad machista opresora al asumir abiertamente su preferencia sexual; nunca supo que era “salir del closet” porque nunca estuvo en él. 

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Dejó rastros de sí mismo en cada una de sus crónicas, de sus ensayos, de sus poemas. Fue un apasionado del teatro y trabajó intensamente para impulsarlo. Su característica principal fue su prosa hábil y rápida, así como su picardía al escribir, pero sobre todo, fue un escultor del paisaje social e intelectual del siglo XX.

Nacido en la Ciudad de México en 1904, en plena época revolucionaria, se instaló en Torreón, Coahuila, para luego regresar a la capital, en donde ingresó a la Universidad Nacional para estudiar la carrera de abogado, pero no concluyó sus estudios.

Desde pequeño, las letras fueron su pasión, y muchas veces, ante la falta de compañeros de juegos y amigos, “los libros fueron una realidad revolucionaria que rodeaba su soledad”, como él mismo escribió.

Por la década de los veinte conoció a su amigo Xavier Villaurrutia, con quien mantuvo una relación profunda, y con quien dirigió en 1927 la revista “Ulises”, publicación con la que se inició en México la modernidad literaria; y un año después al lado de Carlos Pellicer, el mismo Villaurrutia, Jorge Cuesta, Gilberto Owen, Bernardo Ortiz de Montellano, Enrique González Rojo, José y Celestino Gorostiza fundan la revista “Contemporáneos”, de la cual se desprendería el grupo literario que lleva el mismo nombre.

Salvador Novo llegó a Coyoacán en el año de 1941 y se instaló en la calle que ahora lleva su nombre, lugar que ha sido testigo del paso de importantes pintores, escritores, artistas plásticos y escultores que con su aportación han enriquecido el acervo cultural de nuestro país.

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En 1949 adquiere un terreno en la Colonia Del Carmen, que había sido parte de una hacienda y en ella quedaban restos de una capilla, en la cual inmediatamente el cronista imaginó un teatro. En 1950 inicia el trabajo de acondicionar este espacio, adaptando la capilla como teatro. Tres años después se inauguró el Teatro la Capilla en la calle de Madrid 13, donde actualmente este centro cultural sigue existiendo, solo que ahora alberga el teatro bar “El Vicio”.

Su amor por Coyoacán lo llevó a resaltar los valores, la historia y los hermosos inmuebles históricos de tan hermosa zona en los años sesenta, sobre todo en 1969, cuando sufrió dos infartos y se dedicó a escribir en su domicilio particular “Historia y leyenda de Coyoacán”, una segunda parte se podría decir, de “Breve historia de Coyoacán” de 1962.

Hasta su muerte, el 13 de enero de 1974, publicó una extensa crónica sobre la vida artística e intelectual en México, en donde hace mención de cuanto personaje rondaba las más altas esferas de la cultura en nuestro país. En estos libros se dedica a comentar y criticar a diversos autores y a narrar los grandes espectáculos de la época.

Gran parte de su archivo personal y laboral se encuentra en el Centro de Estudios de Historia de México Carso en Chimalistac.

 

Ana E. Martínez-Gracida Núñez

Twitter: @Moroccotopo77