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Alguna vez, nos ha pasado que vamos a una exposición de arte en donde al estar parados frente a una obra nos preguntamos: “¿qué es esto?”. Habremos visto una simple hoja de papel con una línea encima o garabatos dignos de la mano de nuestro sobrino, pero cuando nos topamos con algo con lo que el creador de la obra considera como arte y nosotros lo encontramos repulsivo, estamos hablando de arte transgresor.

esculturas con tanga

En el arte, la interpretación puede llegar a tener un componente fuertemente subjetivo, la vivencia que transmite la obra del autor y la vivencia que se produce en el espectador en relación con la objetividad de la obra, puede ser esencialmente relativa.

Pero por otro lado, lo que puede ser trasgresor hoy, en el futuro quizá alcance la categoría de clásico. De hecho, han habido muchos ejemplos de ello como el famoso urinario de Marcel Duchamp, vehementemente rechazado en su época, y que en la actualidad es una de las obras más representativas del siglo XX; o también “Las señoritas de Avignon”, actualmente reconocida como obra paradigmática de la modernidad, la cual recibió en su época todo tipo de comentarios negativos, hasta de los mismos amigos de Picasso, quienes le dijeron que era incomprensible y monstruoso, y lo veían como un rotundo fracaso.

Un ejemplo nacional sucedió cuando se hizo la escultura de la Diana Cazadora, la que se ganó el afecto del pueblo, pero también las críticas de los sectores más ultraconservadores de la sociedad mexicana de la época, y un año después la Liga de la Decencia, tras una serie de actos de protesta que incluyeron la colocación de ropa interior de tela sobre la escultura, lograron que Juan Olaguíbel, autor de la escultura, le colocara un calzoncillo de bronce a su obra. Sin embargo, el artista, previendo otros tiempos de mayor libertad, únicamente lo fijó con tres puntos de soldadura, en espera de poder retirarlo más adelante, y así fue. Al paso del tiempo, la mentalidad de la sociedad mexicana fue transformándose, y más tarde, se decidió retirar el taparrabos de bronce de la escultura.

DianaReforma1

En fin, que el arte transgresor corre un riesgo, pues existe una delgada línea entre lo extremo, lo grotesco y lo monstruoso, por lo que muchos artistas contemporáneos han sido criticados por su trabajo para expresar una parte que tenemos los humanos, pero que no es reconocida ni aceptada por la sociedad.

Recientemente, el fotógrafo francés Gerald Bruneau tomó unas imágenes – que pusieron “los pelos de punta” a muchos italianos- de los “Bronces de Riace”, dos imponentes estatuas de guerreros griegos forjadas en la primera mitad del siglo V a. C, y que fueron encontradas en el fondo del mar en las costas de Calabria, a las que decidió vestir con una tanga de leopardo, velo blanco de novia y una boa rosa alrededor del cuello. 

Las fotografías, que publicó la página web www.dagospia.it y de las que se ha hecho eco toda la prensa italiana, muestran el trabajo fotográfico que realizó el pasado febrero Bruneau.

La prensa italiana se pregunta el sentido de estas fotografías a las dos estatuas, símbolo de la belleza helénica y encontradas sumergidas en el fondo del mar ante las costas de Riace Marina en 1972, las cuales fueron restauradas tras un largo proceso que duró 23 años.

guerreros de riace2

Pero la polémica aumentó tras conocerse que las fotografías tomadas en el Museo Arqueológico Nacional de Reggio Calabria, donde se encuentran las estatuas, carecían de autorización.

La responsable del departamento de Bienes Arqueológicos de Calabria, Simonetta Bonomia, explicó a los medios de comunicación que sí se había autorizado a Bruneau tomar fotos de los “Bronces” envueltos en un velo blanco, como ya había realizado en la Galería Borghese de Roma con la estatua de Paolina Borghese de Antonio Canova, pero que la tanga y la boa se hicieron sin su autorización y definió las imágenes como “terribles”.

Por lo pronto, un político italiano exigió una investigación judicial al artista para que expliqué por qué tomó las fotografías sin previa autorización.