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En la actualidad vivimos en un clima de inseguridad e incertidumbre donde la violencia se expresa de formas relacionadas entre sí. Diariamente nos vemos sacudidos por hechos dramáticos que nos preocupan y conmueven.

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La violencia es un acto intencional que puede ser único o recurrente y cíclico, dirigido a dominar, controlar, agredir o lastimar a otros. Casi siempre es ejercida por las personas de mayor jerarquía, es decir, las que tienen el poder en una relación, pero también se puede ejercer sobre objetos o animales.

El maltrato animal forma parte de esa cascada de violencia que nos va alcanzando como individuos y como sociedad. Cada año, millones de animales son mutilados, intoxicados, electrocutados y quemados, y en la actualidad, las redes sociales han jugado un papel importante para denunciar crueles actos en contra de especies.

La buena noticia es que cada vez más se entiende que los animales son una responsabilidad, no un juguete, y que por tanto, tenemos como sociedad la obligación de cuidarlos con la debida diligencia, por lo que se han emprendido muchos iniciativas en pro de los animales, como la Ley contra el maltrato animal que se aprobó en 2013 en la Ciudad de México, la cual estipula que se puede castigar a las personas que maltraten algún animal doméstico o silvestre con penas de hasta cuatro años de cárcel y con multas de hasta 400 salarios mínimos.

Sin embargo, pese a todos estos pequeños triunfos sobre el respeto a la vida animal, aún existen casos que nos siguen sorprendiendo, como es el del oso americano “Invictus”, que fue rescatado de un circo en Yucatán en marzo de este año.

El ejemplar de entre seis y siete años de edad, al que le pusieron el nombre artístico de “Bailarina Nait”, pese a ser macho, era obligado y denigrado por medio de torturas a realizar malabares y andar en bicicleta vestido con falda y zapatillas.

Según las investigaciones, los dueños del circo pretendieron extraerle los colmillos para que no mordiera, pero todo salió mal en una operación realizada supuestamente por un médico veterinario especialista en equinos, quien fracturó la mandíbula y finalmente decidió extirpar todo el maxilar inferior.

Debido a las denuncias, la la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) aseguró al animal y llegó a las instalaciones de “Bioparque Convivencia Pachuca”, donde quedó bajo resguardo. Se le hicieron las primeras valoraciones médicas y los especialistas consideraron que “Invictus” necesitaba una prótesis de titanio, para lograr la reconstrucción facial primero y su posterior rehabilitación.

De esta forma, a mediados de julio, se le practicó un cirugía, de la cual se encuentra en plena recuperación favorable, ya juguetea y tira una que otra mordida.

En un comunicado, la Profepa explicó que la intervención quirúrgica es la primera en su tipo en el mundo, y consistió en la colocación de dos barras de titanio fabricadas en Suiza especialmente para el ejemplar de oso americano, con una resistencia de una tonelada de fuerza cada una y una durabilidad de 20 años.

El equipo de médicos estuvo integrado por 20 especialistas, quienes ofrecieron su experiencia de manera altruista y gracias a ellos, hoy “Invictus”, un emblema de la lucha contra el maltrato que sufren los animales en los circos, ya tiene mayor movilidad con la lengua, ha comenzado a limpiar sus dientes y puede beber agua sin que tenga que sumergir completo su hocico para lograrlo.

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El oso ya lleva una dieta sólida, gracias a que también se lograron rescatar cuatro molares y se le implantaron dos más, e incluye un kilogramo y medio de pollo trozado hervido, así como verduras y arroz; además, por prevención, en este momento su tratamiento posquirúrgico consiste en antibióticos y analgésicos para evitar alguna infección e inflamación.

Su recuperación estará integrada por una “aromaterapia” para que pueda identificar distintos olores y ejercitar así su nariz que, por lo mismo de la mutilación, la tenía caída.

Muy posiblemente “Invictus” vuelva a ser sometido a una segunda cirugía, esto debido a que los médicos encargados de su cuidado esperan agregar cinco centímetros de mandíbula, favoreciendo el estado físico y emocional del oso.

Actualmente, la Profepa tiene abierto un proceso penal y administrativo en contra de José Luis Orozco Lara, quien ostenta el registro del espectáculo ambulante denominado “Harley Circus”, otorgado por la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat).

De acuerdo con la legislación ambiental y el Código Penal Federal, el empresario se podría hacer acreedor a una pena de uno a nueve años de prisión, una multa de poco más de 200 mil pesos, el retiro de su permiso para operar como circo y su inscripción al Padrón de Infractores Ambientales, para que nunca más pueda hacer daño a otro animal.