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Cuando somos jóvenes, tenemos prisa por crecer. Por fin, 18. Al fin, los 20. Tenemos la sensación de que el mundo está a nuestros pies, disfrutamos la juventud y tenemos el tiempo y la fuerza suficientes para conseguir todo lo que nos propongamos.

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Pero en algún momento, entre los 30 y los 35, algo cambia. Toda nuestra forma de percibir el mundo se desmorona. De pronto sentimos la presión de hacernos mayores, oímos el incesante latido del reloj biológico y tenemos la sensación de que el tiempo vuela.

Resulta que somos profesionistas, agradables físicamente, nos cuidamos bastante, gracias a los adelantos de la cosmética; creemos firmemente en el misticismo y hasta meditamos, somos buenas hijas, excelentes amigas, seguimos preparándonos, damos buenos resultados en nuestros trabajos y, aunque no siempre somos millonarias, no nos va mal económicamente.

Algunas mujeres a esta edad ya se han casado y quizá, están esperando a sus hijos; otras tantas, están en pareja y ya están viendo la manera de dar el siguiente paso; y otras más siguen solteras.

Al contrario que en los años anteriores, las mujeres alrededor de los 30 sienten que deben tomar las más importantes decisiones de su vida. El tiempo de experimentar se ha acabado. Tanto laboral como personalmente hay que marcar el rumbo y asumir la responsabilidad de la propia vida.

La libertad de elección ante las innumerables decisiones de la vida plantea preguntas existenciales: ¿Qué he conseguido hasta ahora y a dónde quiero llegar? ¿Debería empezar con la planificación familiar? ¿Qué es más importante, una jubilación razonable o la autorrealización profesional? son algunos de esos cuestionamientos que una mujer se hace en esta década de vida.

Con 30 se echa la vista atrás para hacer inventario de la vida. Y lo peor es que nos comparamos con conocidas de nuestra edad, lo cual no es precisamente una buena idea, ya que algunas pueden estar embarazadas, y otras siguen solteras o tienen un gran éxito mientras siguen compartiendo un departamento con roomies.

Lógicamente, no todas las mujeres de 30 años viven las mismas fases al mismo tiempo. Antes, las mujeres de 30 ya estaban casadas y con hijos, pero hoy en día no se puede generalizar; las treintañeras pueden estar solteras, recién enamoradas, casadas, tener algún hijo, estar buscándolo o no, ser autónomas, tener trabajo fijo o estar en permiso por maternidad; y todas tenemos sueños de cómo debe seguir yendo nuestra vida.

El cumplir 30 años es dejar atrás inseguridades, lo que se transmite de inmediato en la actitud y comportamiento. Una mujer de 30 años es el reflejo de seguridad y aceptación de uno mismo.

En esta etapa, se aceptan y cierran ciclos de situaciones que en su momento tal vez no se entendieron o afectaron. Es sinónimo de madurez, pero sin dejar de ser una persona joven; pero sobre todo de valorar cosas, desde insignificantes hasta más profundas, que antes no se percibían, en las que no se pensaba o no eran prioridad.

Llegar a los 30 años se traduce en no tener que quedar bien todo el tiempo ni a sentirnos obligadas. De hecho, antes si no se salía o no se iba al plan de viernes o sábado en la noche, se sentía que la vida no tenía sentido. A los treinta, nadie ve raro si se decide quedarse a ver una película en lugar de ir a un bar.

Sin embargo, hay un par de puntos sensibles, temas con los que la tranquilidad de “treintañeras” no ayuda. Las mujeres no lo queremos admitir, pero si con 30 aún no se ha encontrado a un hombre, los nervios empiezan a aflorar y se cree que los mejores partidos ya están apartados. ¿Encontraré a alguien antes de que el último “tic” de mi reloj biológico haya sonado? es la clásica pregunta que asalta a muchas mujeres de esa edad.

Pareciera que estar soltera con 30 o 35 es rematadamente distinto a estarlo con 20. Prácticamente todo el mundo quiere tener algún día a alguien, no sólo a quien amar, sino que además la relación tenga futuro. Y tarde o temprano las ganas de tener hijos pasan a un primer plano. Aquí tenemos el segundo punto de inflexión, que es indiscutible: sin hombre no hay niño.

Con ello, empieza la presión para que el reloj biológico no nos alcance. Y aunque las mujeres cada vez tienen hijos más tarde, hay momentos en los que se empieza a seguir un patrón por miedo a que “ya uno está muy grande para tener hijos”.

Estar en los 30 es una edad donde lo mas importante es estar bien y fuertes emocionalmente. Ante todo, lo importante es la actitud con la que se toma ese paso. Puede ser visto como el inicio de una nueva etapa. El cumplir 30 años nos hace estar consientes de que todavía estamos a tiempo de dejar atrás errores o infelicidades, y retomar la dirección de lo que queremos lograr en la vida.