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Llevar un amor a escondidas o clandestino es una situación muy tensa, riesgosa y que, a la larga, nos lleva a preguntarnos si vale la pena mantenerlo. Los amores imposibles, prohibidos, idealizados o virtuales pueden transformarse en verdaderos secretos, afectándonos en distintas fases de nuestro desarrollo como personas adultas.

amor escondido

Este tipo de relaciones son más comunes de lo que pensamos y su futuro es realmente incierto. Llevar una relación de esta manera puede que haya comenzado bien al principio, por el tema de la adrenalina, de lo prohibido, de lo que implican los riesgos y peligros, pero luego, cuando los lazos se hacen más sólidos, suelen crear muchos conflictos en quien lo vive.

Estos amores románticos o prohibidos a menudo se asemejan más a un sueño, como si fuese la historia de otro y no la propia, y el recordarla nutre, alegra y muchas veces proporciona un foco de sentido a esa vida personal o familiar enfocada en lo que “debe ser”, generalmente siguiendo patrones sociales.

Hay muchos amores que terminan siendo clandestinos porque la sociedad en una especie de ley no hablada establece que éstas no son bien vistas y aceptadas, y aunque podamos decir que nadie debe interferir en la decisión de dos personas, lo cierto es que muchas veces sí sucede que esto pesa y para no crear problemas ni conflictos, la pareja decide llevar su relación bajo las sombras.

Así, una relación se establece a escondidas de los demás y ésta, que en un principio pudo surgir como una agradable aventura, termina por convertirse en una angustia, pues no se puede expresar el amor donde se quiera, no se puede ser libre de caminar por las calles de la mano de quien se ama, y menos aún, llegar al altar y jurarse amor eterno.

Este tipo de relaciones ocurren en una dimensión distinta, en una suerte de aislamiento en la que sólo cabe esa historia y donde ambos protagonistas sienten que son auténticos, sin puentes hacia la cotidianidad. Son como vidas secretas que no se simbolizan en el lenguaje, porque expresarlo implicaría lesiones o daños a terceros, y un atentado a la imagen que la persona tiene de sí. También, hay una cuota de dolor inherente, que es la imposibilidad de concretar ese amor perfecto.

Cuando empieza a desvanecerse la vivencia de la cotidianidad, se hace muchísimo más dolorosa, a veces insostenible. Ya no es posible aguantar, y empieza a desencadenarse la crisis y el dolor de la pérdida. Entonces las personas entran en duelo porque eligen reestructurar sus vidas, transitar la crisis, y eso implica darse cuenta que no se es suficientemente feliz o se cuestionan si realmente se quiere a la otra persona.

Quienes han vivido o viven un amor clandestino deben de tener la posibilidad de dignificar la experiencia, es decir, colocarla al nivel de lo posible, porque si se queda en el paradigma, esto entra en la categoría de algo que no debiera ser vivido o experimentado por lo mismo de que socialmente no es aceptado. Aquí conviene apoyarse en algún especialista para llevar un proceso para fortalecer el vínculo de confianza y acompañar en los momentos en que surja alguna crisis, colocando la experiencia en el plano de lo humano, de manera que pueda ser integrada y se pueda aprender de lo vivido.