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La gente difícil no representa mayor problema si se la encuentra en la calle, en el supermercado o en la entrada de un edificio. Pero la cosa cambia cuando se tiene que trabajar con alguien así, pues esto puede resultar muy irritante.

empleado conflictivo

Mientras que puede que la mayoría de los trabajadores no den en absoluto problemas, se lleven bien con los demás y hagan su trabajo eficientemente, hay otros que pueden romper el ritmo de trabajo, hacer difícil la comunicación entre todos, incomodar a otros compañeros y superiores, o simplemente tienen actitudes que irritan a todos y con nada están a gusto.

Estos trabajadores conflictivos podrían ser los que dicen siempre “sí” y hacen lo que quieren, o los que siempre dicen “no” por sistema; los que no aceptan la autoridad; los que no quieren asumir responsabilidades; los que siempre tienen una excusa preparada; los que siempre encuentran un motivo para faltar al trabajo o no llegar a la hora; los que sólo creen que tiene derechos y que todo les pertenece, pero no están dispuestos a dar nada de su parte; los que tienen actitudes arrogantes, presuntuosas, soberbias e impertinentes y comportamientos que tratan de desprestigiar y desacreditar a sus compañeros y superiores.

Desde luego que nadie quiere trabajar con empleados así, pues la productividad disminuye, las frustraciones aumentan, el ánimo en el equipo decae y tanto los clientes como los vendedores se sienten incómodos. Pero, una vez identificados, ¿qué debe hacerse con ellos?

Antes que nada, no se debe ignorar el problema, pues en la espera de que la persona decida irse, éste puede volverse progresivo. Hay que verlo de una manera objetiva, ya que puede ser que el empleado aporte algo valioso a la empresa y posea ciertas cualidades, lo que hace que valga la pena lidiar con él.

Una vez que se haya reflexionado sobre el problema, hay que actuar inmediatamente. Es importante intervenir en cuanto el patrón de conducta negativo sea evidente. Si no se aborda a tiempo el asunto, las consecuencias crecerán de manera paulatina. A veces los empleados conflictivos no tienen idea que su comportamiento representa una molestia para el resto del equipo.

Se debe investigar personalmente el problema. Armado con información precisa, hay que llevar a la persona conflictiva a una sala de juntas, lejos de los otros, y abordar el asunto con calma. Hay que comenzar por preguntarle si está enterado de algún problema que haya ocurrido en la empresa, con el objetivo de confirmar si está consciente de sus actos.

Si responde que no, entonces será necesario que se describa su conducta. Quizá interrumpa para defenderse, sin embargo, hay que continuar firme con más ejemplos sobre su comportamiento inaceptable. Cuando termine, hay que darle oportunidad para que presente sus argumentos.

Esto no podría estar completo si no se ofrece ayudarlo a corregir el rumbo. No nada más se trata de hacer una crítica constructiva sino que se le ofrezca al colaborador orientarlo en su cambio de actitud, además de darle una retroalimentación sobre el éxito o fracaso de sus esfuerzos por minimizar las acciones negativas y maximizar las positivas.

Si todo lo anterior falla, habrá que terminar la relación. Si la persona insiste en negar su conducta inapropiada y no intenta mejorar la situación, la medida definitiva será concluir con la relación laboral. Antes de tomar esta decisión, se debe fijar un plazo para que demuestre que le importa su trabajo y que está dispuesto a cambiar para bien. Si el periodo de prueba no resulta en una actitud aceptable y apropiada, no hay que dudar en despedirlo, siempre de acuerdo a los lineamientos de la empresa para no tomar una decisión precipitada.