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Después de la alegría y sorpresa inicial, la primera gran pregunta al enterarte de que vas a tener un hijo es: ¿estoy preparado para ser papá?. Y con esta pregunta también se disparan miles de temas de reflexión y angustia. 

papá ser

Ser un buen padre va más allá de proveer cosas materiales a los hijos. Significa tomar conciencia de nuevas responsabilidades, saber que de ahora en adelante, se deben anteponer los intereses y el bienestar de los hijos a los propios, que se ha de ser un ejemplo para ellos en cada uno de los actos y momentos de la vida.

Experimentar sentimientos de alegría y euforia y sus contrapartes de angustia y miedo, son síntomas normales de la paternidad, particularmente si es el primer bebé. Habrá vaivenes anímicos de la alegría al miedo, con grandes dosis de angustia salpicada de euforia.

El agotamiento físico es también una de las sorpresas de la paternidad, pues el cuidado del recién nacido demanda vigilia constante las 24 horas del día, pero especialmente por las noches el horario de un bebé es impredecible.

Los bebés despiertan con frecuencia por las noches por muchos motivos y ello requiere de atención y, —especialmente, de comprensión. Lo curioso del caso es que, incluso cuando el bebé duerme profundamente, a los padres les puede costar dormir.

Por lo general, cuando el bebé entra en el sueño profundo, es cuando un padre se queda despierto, pues tienden a pensar que ha dejado de respirar. Se levantan y acercan a la cuna para corroborar que está bien.

El rol de protector de los hijos no sólo se limita a ver que estos no se enfermen o no les ocurra un accidente; se trata también de velar porque la seguridad económica futura sea parte integral de sus vidas.

A la llegada del hijo, se pondera con más detenimiento cualquier gasto que se pueda considerar superfluo. Se piensa en asuntos que antes ni siquiera pasaban por la mente, en gastar menos, en abrir una cuenta de ahorro para la educación futura del hijo, en comprar un seguro de vida por si le llegáramos a faltar.

Una forma de velar por la seguridad de los hijos es a través de la prevención económica. Esto quiere decir que si el padre es el único proveedor en la familia, deberá asegurarse que la fuente de ingresos al hogar será constante en caso de ausencia y que cubrirá aquellas necesidades más básicas como techo, comida y educación.

Es buena idea ajustarse a un presupuesto familiar balanceado, donde tanto las necesidades del recién nacido como las propias salgan lo más equilbradas posibles.

Si el ámbito familiar de los nuevos padres lo permite, lo mejor es consultar con los propios padres o cualquier familiar cercano y de confianza, y expresar los temores al respecto, porque no se es el primer papá que se ha sentido así; y sobre todo, se debe saber que la base de un hijo feliz es el amor que emana de la persona como padre. Con ello, casi con seguridad, se tendrá la satisfacción de verlos crecer a la imagen y semejanza.