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Irse a otra ciudad a estudiar es una oferta muy atractiva para cualquier joven. La posibilidad de ir a otro lugar para continuar los estudios significa para muchos abrir una ventana a otra realidad, una oportunidad para alcanzar más autonomía con respecto a las reglas de los padres, y adquirir nuevos círculos sociales. 

Universidad

Vivir con otros estudiantes puede ser muy divertido, pero tal vez no es la situación ideal para estudiar. En otras ocasiones, este traslado no se debe tanto a fines emocionales o formativos, como pragmáticos. Hablamos de aquellas situaciones en las que los jóvenes residen en un municipio o parte de la ciudad, considerablemente alejado del núcleo urbano en el que se ubica la universidad.

Las dos horas de ida y las dos de vuelta, les obligan a replantearse la opción de irse a vivir cerca del centro de enseñanza. Esto puede hacer sonreír a más de un estudiante porque se ahorraría el tráfico de las mañanas, pero se tendrían que analizar antes todas las razones que llevan a un chico o chica a salir de su lugar de origen para estudiar una carrera universitaria.

A veces hay que salir de casa porque no hay posibilidad de estudiar la carrera que se quiere donde vive, porque la oferta de prácticas de una universidad o el prestigio es llamativo, por el atractivo de la ciudad, o, simplemente, porque es el lugar en el que se admite al estudiante.

Los argumentos a favor del traslado van desde tener más independencia a conocer otra ciudad, otras personas y otra forma de vida, además de vivir con otros estudiantes y preparar la emancipación definitiva, pero el contra es que es más caro que vivir en casa de los padres y tiene los inconvenientes de la mudanza y los viajes. Se disfruta de menos comodidad y estabilidad y se obliga a alejarse de la familia y de los amigos.

estudiar fuera

Cuando se escoge este camino, hay muchas más responsabilidades. La administración del dinero, la alimentación, el mantenimiento de la casa o la convivencia con los otros estudiantes. Salir fuera a estudiar implica asumir un lote completo de responsabilidades, enfrentarse a problemas cotidianos. Todo esto puede parecer un inconveniente, pero es más bien lo contrario: se trata de un paso imprescindible en la formación de cualquier joven.

Pero el estudiar fuera de casa no implica nada más administrar el dinero para la vivienda, también habrá que sumar si se trata de un centro de estudios público o privado, así como los libros y materiales que se requieren para el curso.

Para el alojamiento es imprescindible llevar ropa de cama, toallas, una lámpara, algunas herramientas y un despertador, además de la ropa y el calzado apropiados, los objetos personales y algunos enseres electrónicos como una computadora portátil.

Un tema muy importante es la adaptación. Primero hay que organizar la habitación y luego la casa. Para adaptarse al nuevo entorno hay que tener un lugar de estudio adecuado y establecer algunas normas para los espacios comunes. Después hay que explorar el vecindario, ver dónde está el supermercado, el médico, la biblioteca o el transporte público. También, hay que estar conscientes de que surgirán nuevas obligaciones como limpiar la casa, lavar ropa o hacer la comida. Unas rutinas mínimas pueden ahorrar tiempo y dinero.

Por último, no olvides llevar algunas cosas de valor sentimental para decorar tu habitación. Dejar atrás a tu familia y tus amigos para estudiar fuera es una transición que puede ser difícil. Tener contigo fotos de amigos y familia, algún cartel que decoraba tu habitación en casa, tu peluche favorito, o algunas plantas ayudará a que tu habitación sea menos habitación y más hogar. No te sentirás tan lejos de casa, y hará que cualquier sentimiento de nostalgia que tengas, muy común en las primeras semanas, sea más llevadero.