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Seguro que todos recordamos el dolor que nos produjo nuestra primera ruptura amorosa, cuando sentíamos que esa persona era el amor de nuestras vidas y que nunca más íbamos a sentir algo así. Sin duda alguna, es realmente importante ayudar a un adolescente en su primera ruptura amorosa.

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Como padres, nos preguntamos qué es lo que podemos hacer por nuestro hijo tras una ruptura amorosa. Es tan simple como decirle que entendemos su dolor y que estamos ahí para ayudarlo, o simplemente conversar un rato, pero también, es necesario darle su espacio y dejar que sea él o ella quien venga a buscarnos si lo necesita.

En general, las chicas suelen buscar a sus amigas como confidentes, hablando por teléfono o por chat, y contándoles todo su dolor. Otras, optan por llenar su agenda de actividades sanas que las distraigan, lo cual demuestra bastante madurez: desde el deporte hasta salidas con amigos.

Los chicos reaccionan de forma diferente: suelen enojarse, ya que es el comportamiento socialmente aceptado, y ocultan su dolor.

Si vemos a nuestro hijo sufrir, lo más seguro es queramos protegerlo y también minimizar la situación, pero esto es un grave error. Bajo ningún concepto, debemos hacerle sentir que lo que siente es exagerado o melodramático, sino más bien, ponernos en su lugar y recordar nuestra primera ruptura. Ya sabemos que no es el fin del mundo, pero ellos no lo sienten así, por lo que debemos ofrecer apoyo y consuelo sin minimizar los hechos.

En vez de darle una charla complicada llena de “te lo dije” y reproches, algo que no va a surtir ningún efecto, lo mejor que podemos hacer en el momento es ofrecer distracciones. En general, los adolescentes conocen a sus parejas en clubes, el colegio y otras actividades, así que lo ideal es que se mantengan distraídos allí, uno nunca sabe qué puede pasar luego.

Si alguien lastima a nuestro hijo, independientemente de su edad, sale el instinto protector y dan ganas de matar a la persona. Si encima, no nos caía muy bien cuando eran pareja, es muy fácil hablar mal de la persona que rompió el corazón a nuestro crío. Debemos tener en cuenta que los amores de adolescencia suelen tener una reconciliación, así nuestro hijo nos diga que jamás volverá con alguien, por eso es recomendable evitar situaciones tensas después. Hay que centrarse en hacer que nuestro hijo se recupere del dolor y no derribar puentes con una persona.

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Puede que para nosotros no sea mucho, pero para nuestro hijo sí. Si bien, no todos lo sentirán igual, habrá algunos chicos a los que les cueste manejar más la situación, especialmente si ya son propensos a la depresión. En muchas ocasiones, los adolescentes tienen problemas a la hora de superar la ruptura, y se enfrascan en la tarea de recuperar a su expareja. Debemos tener cuidado con determinadas actitudes, especialmente si los vemos muy tristes o sin esperanza, enojados por largos períodos de tiempo.

En un principio, lo más seguro es que se rehúse a nuestra ayuda, pero no dejemos de insistir en estos casos. Prestemos especial atención si el chico consume drogas, duerme todo el tiempo o muestra desinterés por cosas que antes le gustaban.

Es importante que los padres establezcan límites, aunque en ese momento los adolescentes reaccionen mal. En un principio quizá no acepten nuestra ayuda, pero el interés por ellos terminará haciendo que prefieran elegir a su aliado, es decir, su padre o su madre.

Luego de la ruptura, el pequeño irá sanando poco a poco y a la brevedad tendrá la capacidad de volver a salir con otra gente.