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Según una antigua tradición proveniente de la iglesia naciente, el apóstol Pedro conservó el manto con que fue envuelto el cuerpo de Jesús, después de haber sido bajado de la cruz, y que él mismo encontró en el sepulcro vacío el domingo de resurrección.

Mantoestelar

La Sábana Santa de Turín o Santo Sudario es considerada una reliquia usada durante la sepultura de Jesús. Es una sábana de lino de 4.20 metros de largo por 1.10 metros de ancho y tiene una imagen que parece ser el rostro de una persona. Muchos creen que se trata de la impresión frontal del cuerpo de Jesús después de su muerte.

Este pedazo de tela es una de las piezas más estudiadas de toda la historia por los científicos.

La historia de la Sábana Santa se remonta hasta el siglo III, cuando San Cirilo de Jerusalén y San Gregorio Naciaceno relataban que el “lienzo de Cristo” existía.

Según la tradición cristiana, la primera ciudad donde fue expuesto fue en Edesa (hoy Urfa), edificada entre la Anatolia y Persia. En un manuscrito del siglo VI se cuenta que el rey Ukhamm (9-46 d.C.), al saber que en Jerusalén un gran profeta había sido crucificado, logró obtener la “efigie” del santo, milagrosamente estampada sobre un lienzo de lino. Fue además Edesa, el primer estado del mundo en adoptar el cristianismo.

Seguidamente, la reliquia fue llevada a Constantinopla (hoy Estambul) en Turquía, capital del nuevo imperio romano, en el año 994; y fue exhibida en la basílica de Santa María del Faro. Allí permaneció hasta la cuarta cruzada, cuando la ciudad fue saqueada por los franceses, en el año 1203.

En Europa el lienzo estuvo primero en poder de los templarios, hasta 1307; luego pasó a manos del duque Geoffroy de Charny, quien lo expuso en la iglesia de Lirey. Después fue llevada a Turín en 1578, a la casa de los Saboya, desde entonces ha permanecido bajo la custodia de la arquidiócesis de Turín, en la capilla real de la catedral de San Juan Bautista.

¿Qué dice la ciencia?

En el año 1898, el abogado turinés Secondo Pía reveló una serie de placas fotográficas del lienzo, en las que en sus negativos refleja la imagen de un hombre cubierto de heridas, y con la misma fisionomía que se le atribuye a Jesús de Nazaret, convirtiéndose en el primer gran descubrimiento con respecto al lienzo.

Del mismo modo, en diferentes períodos del siglo XX se hicieron estudios al sudario; en total, hasta la fecha, se han tomado más de 32,000 fotografías y se le han realizado más de 1,000 exámenes científicos.

En 1988, las universidades de Arizona, Oxford y Zurich, sometieron el lino a la prueba de radiocarbono 14, para determinar su antigüedad, que fue situada entre los siglos XIII y XIV de nuestra era. Se creyó que la pieza era una falsificación de la Edad Media; sin embargo, en 1992, el ruso Dimitri Kouznetsou demostró que la sábana de Turín es mucho más antigua.

Argumentó que el incendio en 1532 provocó una especie de rejuvenecimiento, por las altas temperaturas que sufrió el lino mientras se encontraba guardado en un relicario de plata, en la catedral francesa de Chambery. Los daños del tejido fueron remendados por las monjas clarisas de este templo en 1534. Incluso, los resultados obtenidos por los rayos X, han demostrado que el manto corresponde a un tejido a mano de tipo “espina de pescado”, utilizado en Egipto y en Palestina desde el siglo III a.C. Su material era de hilo de algodón de tipo “herbaceum”, cultivado sólo en el Cercano Oriente.

Además, se logró por computadora una imagen del hombre en tres dimensiones, lo que en caso de que el lienzo hubiera sido una simple pintura, habría producido una impronta plana, distorsionada y sin estética. En la sábana sólo se distinguen dos colores: un suave sepia en la forma del cuerpo y un marrón oscuro proveniente de las manchas de sangre. La figura que aparece por ambos lados del lino es una combinación de sombras oscuras y claras. Algunas penetran levemente en la pieza, mientras otras ni siquiera fueron tocadas. Se tomaron muestras de 37 lugares distintos del tejido, pero no se pudo extraer ningún tipo de colorante artificial; en cambio las manchas de sangre son fluorescentes, al igual que los remiendos de las quemaduras.

En julio del 2002, el lino fue sometido a una rigurosa limpieza para quitarle el polvo acumulado por siglos, el sudario se cosió a una nueva tela esterilizada, los restos retirados fueron clasificados y guardados; además se tomaron imágenes a través de un escáner y se elaboró un mapa digital completo de la reliquia.

Se recogieron además fragmentos de polvo, hongos, esporas, y polen de 28 especies distintas, algunas correspondían a 20 clases de plantas muy antiguas, de las 59 encontradas en su totalidad. Unas procedían de pinos silvestres que sólo florecían en las llanuras de Siria y de Palestina, otras eran de la región del Mar Negro y algunas más recientes de Francia e Italia. Del polvo encontrado en el sudario, se hicieron muestras comparativas con las halladas en el museo arqueológico de Turín, y se extrajeron muestras de partículas de polvo de momia y tejido funerario del Valle de los reyes, que datan del año 1100 a.C. Se comprobó que ambos tejidos contenían una importante cantidad de sal refinada y de excelente calidad, proveniente de las deltas del Nilo.

¿Quién es el hombre de la Sábana Santa?

Los científicos dedujeron que el hombre del lienzo debió de medir 1.80 metros de altura y pesar 80 kilogramos, sus cabellos son largos y recogidos en una trenza. El rostro muestra visibles muestras de tortura. Tiene los ojos cerrados, la nariz fracturada, el pómulo derecho y el labio superior hinchados por fuertes golpes ocasionados con una vara. En la frente y alrededor de la cabeza hay 30 heridas, éstas fueron hechas por una corona de espinas largas y afiladas, provenientes de arbustos que florecen en el Mediterráneo. En el cuerpo quedaron señales de unas 120 marcas producidas por un azote romano de dos correas con puntas de plomo, de ellas brotó sangre y suero.

Otras heridas se encuentran en el omóplato izquierdo y el hombro derecho producidas por un gran peso. Se halló manchas de sangre hechas por un clavo que le atravesó la muñeca izquierda, y una lesión en la rodilla izquierda a consecuencia de varias caídas. Marcas de una cuerda que le sujetaba las piernas, y en el centro del pie derecho una herida del clavo que fue empleado para fijar ambos pies. Hay una similitud de acuerdo a la trayectoria que producirían los clavos de la crucifixión.

La herida del costado derecho fue provocada por una lanza de hoja afilada, que penetró entre la quinta y la sexta costilla e hizo manar sangre y líquido del pericardio. El “espectro” identificó que la sangre humana del lino era muy antigua y pertenecía al tipo AB.

En las fotografías tomadas a gran escala de los ojos de la víctima, se encontraron las marcas de dos monedas sobre los párpados, lo que concuerda con la antigua costumbre hebrea. La moneda del lado derecho pertenece al procurador poncio Pilatos, acuñada entre los años 22 al 32 D.C. La del lado izquierdo es del emperador Tiberio César, del año 29 D.C.

Los médicos forenses explicaron que la muerte de aquel condenado debió de haber llegado después de una terrible agonía de varias horas. El cadáver fue cubierto con una gran cantidad de mirra y áloe, sustancias utilizadas en el rito fúnebre judío; estos componentes han sido identificados en todo el lienzo.

Con todos estos hallazgos, el mayor enigma que esconde la Sábana Santa y que ningún laboratorio científico ha sabido explicar es cómo se produjo la impresión del cuerpo sobre el lienzo, un misterio todavía vigente al día de hoy. Los expertos han concluido que la imagen pudo haberse formado por un fuerte resplandor de energía, producto del calor del cuerpo de Cristo en el momento de la resurrección.

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