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Los escorpiones son el orden de arácnidos más antiguo. Son fácilmente reconocibles por sus desarrollados y amenazadores pedipalpos acabados en pinza y una estrecha cola arqueada sobre el cuerpo rematada en una glándula venenosa con un aguijón.

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Se conocen unas 1,753 especies de escorpiones, las cuales se encuentran fundamentalmente en zonas de clima templado y tropical, aunque pueden aparecer prácticamente en cualquier hábitat, desde bosques hasta desiertos.

Los escorpiones son cazadores nocturnos que se alimentan de otros artrópodos y la mayoría vive en el suelo. Durante el día buscan refugio y a veces lo hacen en los lugares más insospechados, por lo que en zonas donde abundan los escorpiones, es conveniente sacudir el calzado por las mañanas antes de ponérselo para evitar desagradables sorpresas.

La gran mayoría sabemos que los escorpiones son venenosos, pero no todos sabemos que tienen una cualidad muy particular: son fluorescentes.

Los escorpiones emiten una fluorescencia cuando se iluminan con luz ultravioleta. Este fenómeno fue descubierto casi simultáneamente en 1954 por el zoólogo italiano M. Pavan y el zoólogo sudafricano R. F.

La intensidad de la fluorescencia aumenta con la edad del escorpión y la dureza de su cutícula y es más brillante en las zonas más duras; incluso, la fluorescencia permanece aun tras la muerte del escorpión.

Ahora bien, se sabe que son fluorescentes, pero aún no se ha logrado determinar para qué. Son varias las hipótesis sobre la función de la fluorescencia, entre las que se incluyen detección de luz ultravioleta, identificación de parejas, discriminación entre especies, amplificación de luz, filtro solar y hasta la función nula de ésta.

Tomando en cuenta la naturaleza cazadora de estos animales resulta un tanto paradójico que cuenten con esta característica, ya que la discreción es precisamente lo que les permite cobijarse con las sombras de la noche y así sorprender a sus presas.

Sin embargo, el estudio más reciente que se ha efectuado al respecto, llevado a cabo por los científicos Kloock, Kubli y Reynolds, de la Universidad de California, y publicado en el 2010 en el Journal of Arachnology, indica que la fluorescencia podría deberse a que ésta les permite detectar la luz de la luna, cuestión que les ayudaría a evitar cazar en noches más iluminadas y evitar ser presa de los depredadores.

Como siempre, la Naturaleza nos sorprende día con día…