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Los acelerados cambios que vivimos con respecto a valores y roles tradicionales han influido en el significado de la maternidad. La postergación de la decisión de ser madre y la disminución de la cantidad de hijos, al menos en algunos sectores sociales, empieza a ser la norma.

embarazo reloj biológico

Hoy en día, la maternidad no es prioritaria para las jóvenes. Las mujeres que tiene entre 25 a 35 años buscan desarrollarse profesional, personal y económicamente antes que comprometerse con la tarea de ser madres.

Esta escala de prioridades es producto de cambios sociales, como el replanteamiento del concepto de pareja, y avances científicos, como la popularización de los anticonceptivos; e industriales, como la integración femenina al mercado laboral.

También, la mujer del siglo XXI se enfrenta a un estereotipo de “súper mujer” que debe tenerlo todo a cualquier precio: éxito profesional, bienes materiales, matrimonio, hijos, salud física, belleza, etc.

Todo esto la somete a una presión social por alcanzar ese estereotipo, lo que en muchos casos la lleva a postergar la maternidad más allá de lo aconsejable, para así alcanzar primero el tan ansiado éxito económico y profesional, y después de ello ser madre.

La televisión y el cine, por su parte, se han encargado de mostrar una generación de mujeres, las llamadas madres solteras, aparentemente muy modernas, que no necesitan un marido, ni siquiera una pareja estable para formar familia y que en un momento dado de su vida, pasados los treinta y tantos, deciden que están un poco solas y que les gustaría tener un hijo.

Si bien, la ciencia, a través de los adelantos en la biogenética, da ciertas expectativas a muchas mujeres respecto del manejo de su fertilidad y las ha hecho pensar que pueden ser madres en cualquier momento, bastando con sólo desearlo; también es cierto que existen consecuencias éticas, médicas y legales que nos demuestran que no todo lo científicamente posible es humanamente razonable y bueno para la sociedad.

Hace unas décadas, las mujeres tenían su primer hijo a los 20 años, mientras que en la actualidad el primer hijo llega pasados los 30, y cada vez más cerca de los 40. Si bien las pautas sociales y culturales han cambiado, lo que no se ha modificado es el tan famoso y a veces, odiado, reloj biológico de la mujer.

Sí hay que ser claros en que una maternidad postergada aumenta las posibilidades de complicaciones durante el embarazo y el parto, o que el feto presente enfermedades genéticas o malformaciones congénitas, aunque, más allá de lo que a nivel físico puede traer esta atraso para ser madres, también hay otros factores que se excluyen y que deberían tomarse en cuenta para poder revalorizar la maternidad a fin de que ya no sea motivo de rivalidad o un obstáculo, sino fuente de unidad entre la mujer y el hombre.

Ser madre hoy comporta grandes exigencias. Atender hijos con múltiples actividades, pocas normas y expuestos a todo tipo de riesgos parece suponer madres con dedicación exclusiva como en siglos anteriores, pero al mismo tiempo la faceta de mujer debe de ser competitiva laboral y profesionalmente, que cuide su dieta, haga gimnasia y se ocupe de las tareas de la casa. Por eso, cuando las expectativas que la sociedad promueve se contradicen con las posibilidades reales, aparecen los sentimientos de fracaso, de culpa y de desventaja con respecto al varón.

Si bien, poco a poco hay un sector de padres que cambian pañales, asisten a las reuniones escolares y juegan con sus hijos, aún se considera “natural” que la crianza sea propiedad de la mujer.

Es indispensable, por lo tanto, avanzar hacia un cambio cultural más profundo que permita entender la maternidad como un proyecto de unidad entre el varón y la mujer, como un camino que se recorre con la ayuda mutua, el diálogo.

Además, para que esta concepción cultural se consolide, se requiere un cambio de mentalidad, por ejemplo, a través de la educación; y el surgimiento de normas concretas que acompañen en ese sentido como por ejemplo, la existencia de licencias no sólo por maternidad sino también por paternidad, guarderías disponibles en todos los trabajos, permisos de ausencia para los padres por hijo enfermo, entre otras.

Quizás tenemos que repensar el valor de la maternidad más allá de lo físico. Ser madre no es un derecho sino un estilo de amor que podemos ejercer todos, varones y mujeres, padres biológicos o no, si abrimos el corazón a cada una de las personas que la vida nos pone al lado.

Una maternidad postergada no debe considerarse un mal de este siglo; por el contrario, es la nueva maternidad de unos tiempos en los que se alarga la juventud y se aumenta la esperanza de vida.