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Cuando se formula un deseo, se dice una mentira o se encuentra uno ante un peligro es costumbre cruzar los dedos, concretamente el mayor sobre el índice. El gesto, que evoca una cruz, conjura la mala suerte y aleja las influencias maléficas, según los supersticiosos.

cruzar dedos

Desde los primeros tiempos del Cristianismo se creía que replegando el pulgar bajo los otros dedos, se alejaba a los fantasmas y malos espíritus, o bien haciendo esa operación con las dos manos y dejando que el pulgar asomara entre el índice, dedo consagrado a Júpiter; y el mayor, dedo del pecado dedicado a Saturno.

No obstante, algunos autores piensan que, aunque el simbolismo de la Santa Cruz en este gesto resulta obvio, el origen primero es mucho más primitivo que la cruz cristiana y se remonta a los más antiguos tiempos paganos.

Incluso, algunos se lo adjudican a los esclavos negros en América del Norte. Aquellos que mutaron sus creencias y se convirtieron a la fe cristiana, cuando estaban esposados o con las manos atadas y no podían usarlas con libertad para formar una cruz o santiguarse, apelaban a “cruzar dos dedos” de alguna mano para darle forma al símbolo de los cristianos y así invocar a Dios o elevar una plegaria.

Se trataba, entonces, de un recurso para practicar la fe ante situaciones adversas, muy alejado del sentido actual. Hoy consiste en un gesto supersticioso, al que se apela para espantar la mala suerte.