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La moda va cambiando, pero los tatuajes son para toda la vida. El motivo por el que alguien se tatúa puede cambiar y plantearle problemas en el futuro como ocurre, por ejemplo, con quienes deciden grabar en su piel el nombre de su pareja.

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Ante esto, los dermatólogos recomiendan pensarlo bien antes de decidirse a hacerlo, ya que más del 25 por ciento de las personas desean eliminar el tatuaje antes de que hayan pasado diez años. Pero si la decisión ya está tomada, el consejo es elegir un local que cumpla con todos los certificados de sanidad, exigir que abran el precinto de la aguja o del piercing en nuestra presencia para constatar que jamás ha sido usado y hacer esto en un medio estéril; que el local esté limpio, y que el profesional utilice guantes estériles.

En este sentido, la Academia Mexicana de Dermatología recomienda a los más jóvenes que pidan consejo al médico a la hora de elegir un sitio seguro donde tatuarse o hacerse un piercing.

Jamás intentar colocarse un piercing o hacerse un tatuaje uno mismo ni pedir a un amigo que lo haga. Ya es suficientemente arriesgado si lo hace un experto y, por lo tanto, resulta mucho más peligroso si lo realiza alguien que no sabe cómo hacerlo de una manera segura.

Uno de los contratiempos más habituales de los tatuajes es que la localización, el tamaño o el resultado no coincidan con lo que se demandaba.

Asimismo, la aparición de “eccemas” debido a la tinta del tatuaje resulta frecuente. A veces surgen tras la exposición del tatuaje al sol, sobre todo los de color rojo. Algunos pigmentos, especialmente los rojos, azules y verdes, pueden contener metales que lleven a la producción de alergias por contacto, lo que puede llevar a casos de difícil solución, ya que es complicado eliminar estos pigmentos de la piel.

En el caso de los piercings, la frecuencia de alergia a los metales es muy recurrente y, por lo tanto, a la bisutería y a las joyas. Además, pueden aparecer infecciones locales debido a la punción, a la manipulación del piercing o a los cuidados posteriores.

Sin embargo, lo más importante son las infecciones sistémicas, pues se corre más riesgo de contraer enfermedades como la hepatitis B o C, Sida, lepra, tuberculosis, neumonía o sepsis. También, se pueden producir reacciones de sensibilización tardías en forma de granulomas o sarcoidosis.

Los granulomas son bultos pequeños, mientras que la sarcoidosis es una enfermedad de origen desconocido que se caracteriza por la presencia de granulomas en los órganos afectados.

Igualmente, pueden formarse queloides o cicatrices rojas muy abultadas que pueden llegar a ser dolorosas y que resultan antiestéticas, y frecuentemente se presentan en lóbulos o en las conchas de las orejas.

La lengua es una de las áreas más peligrosas a la hora de hacerse un piercing. De hecho, según indican médicos, las zonas más problemáticas para ubicar tatuajes o piercings son aquellas de peor acceso, como la lengua o los genitales, y las de piel más fina, como las caras internas de brazos o muslos y la cara anterior del cuello.

Por su parte, los tatuajes en la zona lumbar pueden impedir la aplicación de anestesia epidural durante el parto, ya que muchos anestesistas se niegan a inyectarla por el riesgo que puede suponer que se introduzcan partículas de pigmento hacia la médula espinal.

Otro de los problemas de los tatuajes es lo difícil que resulta borrarlos. Se puede eliminar la pigmentación de la mayoría de los tatuajes, sobre todo los negros y azules oscuros, pero resulta más complicado quitar otros colores.

Aun así, lo habitual es que se elimine la tinta pero permanezca el dibujo con falta de color en la piel. El láser de CO2 ultrapulsado y la tecnología Q switched son los dispositivos más utilizados para eliminar tatuajes. En este sentido, deshacerse de un tatuaje requiere muchas sesiones con este tipo de láseres específicos.

Si ya tomaste la decisión de hacerte uno, que sea después de haber analizado todas las desventajas.