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El escritor Fernando Iwasaki analiza el arribo a los 50 años, edad crucial para algunas personas, en “El laberinto de los cincuenta”, libro de reciente publicación que ya está disponible en las librerías del país.

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Cumplir 50 años es algo inquietante, a pesar del progreso científico, del retraso de la mortalidad y del aumento en la calidad de la vida en el mundo de hoy, así lo probó Fernando Iwasaki al compilar sus crónicas periodísticas.

Los textos fueron publicados en el suplemento “Laberinto”, del diario “Milenio”, lo que motivo el título del libro “El laberinto de los cincuenta”, porque “al releerlas descubrí divertido el tono retro, a veces enfurruñado y siempre nostálgico”.

Tono que en cualquier caso, añade el autor de esta novedad literaria, es “amarrido, perteneciente a alguien que se hace mayor de edad y poco a poco se desliza ya por el tobogán de la decadencia con cara como de quien ha chupado limón”.

Divididas en “Vicios”, “Achaques” y “Manías”, las crónicas de Fernando Iwasaki repasan con humor cómo es la relación del ser humano con el sexo, la lectura, el deporte, la tecnología, los hijos, la educación, los viajes y con la política.

Eso, cuando la gente alcanza esa mítica edad que Óscar Wilde (1854-1900) nunca vio ni en pintura, aunque Dorian Gray sí se murió de un disgusto cuando la cumplió su retrato. Y los ejemplos dentro de las letras universales suman muchísimos más.

Por eso el mexicano Julio Torri (1889-1970), maestro y cuentista, sentenció: “A los 50 años, la vida va quedando atrás como el paisaje que se contempla desde la parte trasera de un ferrocarril en marcha, paisaje del que uno ya va saliendo”.

De acuerdo con el sello editorial que ha puesto en el mercado “El laberinto de los cincuenta”, en él, el lector descubre que “al cumplir los 50 años uno sale del paisaje tan sólo para meterse en un laberinto”.

(Notimex)