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Con los conquistadores españoles, llegó al continente americano la religión católica, con todos sus ritos y tradiciones.

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América Latina heredó esas costumbres y las adaptó a sus regiones y costumbres indígenas, pero una de las más importantes, es la de arrullar al niño Dios en el nacimiento que se pone en las casas para la Navidad.

En el Convento Agustino de Acolman, Estado de México, se dice que inició la tradición de las “Posadas”, fiestas que se realizan para acompañar los festejos navideños entre el 16 y el 24 de diciembre.

La última posada, el 24 de diciembre, coincide con la Navidad, que se celebra a la medianoche, con el nacimiento de Jesús, el momento más importante del año para los católicos.

En esa noche, después de cantar la letanía, que representa el peregrinar de la Sagrada Familia por diversos puntos de Belén buscando posada, los niños rompen la piñata de siete picos, en señal de los pecados capitales, y obtienen como premio la fruta y los dulces que tiene dentro.

También se les da un “aguinaldo”, es decir, una canastita o bolsa con dulces y posteriormente, la familia se reúne en torno al nacimiento, para arrullar al niño.

Cuando es posible contar con un sacerdote, el prelado es el encargado de hacer el anuncio; cuando no, lo hará la madrina o padrino del niño, que es algún miembro de la familia elegido de antemano y quien tendrá la responsabilidad de cuidarlo por todo el año.

El anuncio es el siguiente:

“El señor Jesús ha nacido de Santa María. El pesebre que adorna nuestro hogar nos recuerda el gran amor del Hijo de Dios, que ha querido habitar entre nosotros. Aquello que ocurrió hace más de dos mil años, lo revivimos esta noche santa. El Señor Jesús es el mismo ayer, hoy y siempre. Que esta Navidad fortalezca nuestros corazones y llene de bendiciones a nuestra familia y asista con su luz, a la Iglesia diseminada por el mundo entero”.

Inmediatamente después, el más pequeño de la familia recibe la figura del niño Dios que adorna el nacimiento y lo pasa a todos los miembros de la familia, para que la besen y posteriormente inicia el canto de arrullo para dormir al bebé recién nacido.

La familia canta lo siguiente: “A la rorro Niño, a la rorro, ro, duérmete bien mío, duérmete mi amor. Noche venturosa, noche de alegría, bendita la dulce divina María. De los soberanos Tú, dueño y Señor; Naces entre pajas sólo por mi amor. Los amantes brazos de una Virgen Santa, Son los que te sirven de primera cama. Duerme, Niño amado, duerme, Niño tierno sírvate de cuna mi filial cariño. Salve, Niño amante, que con tierno celo a salvar al hombre bajaste del cielo”.

Y después, se acuesta al niño nuevamente en el pesebre para al final, colocar la estrella sobre el nacimiento y después disfrutar de la cena que se preparó en honor del hijo de Dios.

(Notimex)