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Nombrado Patrimonio Cultural y Natural de la Humanidad por la UNESCO, Xochimilco es uno de los sectores de la Ciudad de México donde el pasado lacustre que caracterizó alguna vez a todo el Valle de México se encuentra presente y forma parte de la vida cotidiana en un entorno lleno de tradiciones con siglos de historia.

Xochimilco

La historia de Xochimilco, que significa “lugar de la sementera florida”, se remonta a etapas muy tempranas de la época prehispánica, cuando fue poblado por grupos indígenas pertenecientes a las villas de Copilco y Cuicuilco en la zona ribereña sur de los lagos. Posteriormente, con la llegada de la tribu xochimilca, se fueron estableciendo pequeñas aldeas que dieron lugar a algunos pueblos de la zona que perduran hasta la actualidad inmersos en la mancha urbana, como Tlahuac, Mixquic o Culhuacan.

La principal actividad productiva consistía en la agricultura, cultivándose maíz, chile, frijol, calabaza entre otros, en una forma de cultivo que caracterizó después a todo el Anáhuac: las famosas chinampas, porciones de tierra construidas con sieno y limo, y ancladas al lago por medio de las raíces de ahuejotes. Esta forma de cultivo demostró ser sumamente productiva, ya que podían obtenerse hasta tres cosechas al año, gracias a la riqueza de minerales en el suelo, a la abundancia de agua y al buen clima de la región.

Durante la época virreinal, Xochimilco disfrutó de ciertos previlegios por parte de la Corona Española, gracias al apoyo brindado a los conquistadores españoles y una rápida aceptación de la nueva fe cristiana, que en este lugar, como en partes de México, se fusionó con tradiciones paganas de los pueblos indígenas, creando religiosidad mestiza de gran arraigo entre la población.

Esta forma de profesar la fe se puede apreciar hoy en día en las celebraciones de los santos patronos de cada barrio así como en la fiesta del Niñopa, una imagen del niño Jesús que peregrina por las casas de la zona a petición de los dueños de la misma, cuya autorización lleva incluso décadas de espera.

Después de la Independencia, Xochimilco pasó a formar parte del Estado de México, pero se incorporó al Distrito Federal mediante decreto en la primera mitad del siglo XIX. Hacia 1850, fue inaugurada la primera línea de vapor que prestaba el servicio entre México y Xochimilco, lo que estimuló el tráfico entre ambas localidades. Hasta la introducción del tranvía eléctrico en 1908, la principal forma de trasladarse del sur al centro de la cuenca siguieron siendo las trajineras.

Con el paso del tiempo, el gran lago que cubría al Valle de México fue desapareciendo como parte de una medida gubernamental para evitar inundaciones y también por una despreocupada relación con el medio ambiente. La comunicación fluvial entre Xochimilco y la Ciudad de México fue suspendida con la clausura del canal de La Viga y su posterior entubamiento. Fue de esa manera que las trajineras, balsas y vapores que antaño partieran de Xochimilco hasta el actual Centro Histórico, fueron viendo cada vez más restringida su navegación hasta convertirse en la actualidad, en un recuerdo de otros tiempos.

Actualmente, Xochimilco se encuentra en un periodo de definición y asimilación entre sus ricas tradiciones y los retos que implica formar parte del área urbana de la Ciudad de México. Sin embargo, aún es posible ser testigos de ese gran pasado lacustre visitando sus embarcaderos y recorriendo sus canales y chinampas en las tradicionales trajineras, que siguen siendo un recorrido obligado cuando se visita la capital del país.