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Los funcionarios de la Reserva Federal enfrentaron una delicada decisión en su reciente reunión de política monetaria, en la que las sólidas cifras económicas recientes y el acuerdo alcanzado entre los senadores sobre un presupuesto federal intensificaron el debate sobre si ya se debía dar marcha atrás en su programa de compra de bonos.

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El presidente de la Fed, Ben Bernanke, había propuesto en junio tres indicadores económicos –el empleo, el crecimiento y la inflación– para determinar el inicio de la reducción de los 85,000 millones de dólares en compras de títulos gubernamentales cada mes.

Él dijo que el comité de política de la Fed deseaba ver progresos en el mercado laboral, apoyado por una mejor actividad económica y una tasa de la inflación que se dirija hacia su meta de 2% antes de tomar cualquier medida.

Datos recientes muestran un progreso en los dos primeros indicadores, pero no en el tercero. La tasa de la inflación ha estado persistentemente por debajo del objetivo de la Fed y eso refleja un consumo y un crecimiento de los salarios limitados, lo que no presagia nada bueno para la recuperación económica.

Las mejores cifras de empleo parecen cumplir ampliamente el primer punto de referencia de Bernanke. Los empleadores añadieron 203,000 puestos de trabajo en noviembre, lo que significa que el crecimiento del empleo promedió 195,000 nuevos puestos al mes en los últimos 12 meses. Eso es muy superior a la tasa cercana a los 150,000 al mes del año que terminó en septiembre de 2012, cuando se inició el programa de compra de bonos.

Mientras tanto, la tasa de desempleo cayó de 7.8% en septiembre de 2012 a 7% en noviembre. Eso es mucho mejor que el pronóstico de la Fed de septiembre de 2012 de que la tasa de desempleo estaría entre 7.6% y 7.9 % a finales de este año. Eso podría verse como una mejora sustancial en las perspectivas del mercado del trabajo desde que empezó el programa.

Las perspectivas de crecimiento económico también se ven mejores. Las sólidas ventas minoristas de noviembre mostraron que se está manteniendo el gasto del consumidor.

El acuerdo sobre el presupuesto que debe ser aprobado por el Senado esta semana podría aliviar la incertidumbre y las limitaciones en los gastos federales que fueron un lastre económico en este año. El convenio eliminaría el peligro de otro cierre parcial del gobierno estadounidense en enero y permitiría el aumento del gasto federal en 2014 y 2105.

Las perspectivas más brillantes, sin embargo, vienen con advertencias importantes. La tasa de desempleo se ha reducido en parte debido a que las personas han abandonado la fuerza laboral, lo que significa que ha caído el número total de desempleados.

El producto interno bruto de Estados Unidos subió a una tasa anualizada de 3.6 % en el tercer trimestre, pero el incremento fue motivado en gran medida por la acumulación de inventarios.

A los responsables de la política monetaria, también les preocupa que los costos –tales como los riesgos de que se generen burbujas financieras u otras perturbaciones en los mercados– de no hacer nada también se intensifiquen a medida que crece la tenencia de bonos entre los ahorradores.

También, la Reserva Federal está convencida que los beneficios del programa de bonos disminuyen con el tiempo.

Los funcionarios de la Fed no han explicado cómo esperan saber cuando la economía ha llegado a tal punto en el que los costos de no hacer nada sean mayores que los beneficios de iniciar la reducción de la compra de bonos.

Aún no han llegado a tal punto, dijo el mes pasado la vicepresidenta de la Fed, Janet Yellen, en una audiencia sobre su nominación para convertirse en presidenta de la Fed en febrero. El Senado podría confirmarla esta semana.

Debido a esta disyuntiva, los funcionarios de la Fed parecerían inclinarse a favor de alejarse de la estrategia de compra de bonos como una herramienta para influir en los costos crediticios de largo plazo, para volver a su política tradicional de ir orientando, con discursos y acciones, el sitio en el que se deben situar las tasas de interés de corto plazo y con ello influir también las de largo plazo.

La Fed ha dicho que no va a subir los tasas a corto plazo hasta que la tasa de desempleo caiga a por lo menos 6.5%, siempre y cuando la inflación está contenida.

Finalmente, la Fed decidió reducir su programa de bonos a 75,000 millones de dólares, el cual es una herramienta que ha sido un apoyo decisivo del mercado desde hace más de un año. Bernanke inició ese proceso y será trabajo de Yellen terminarlo de manera satisfactoria.

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Vía Sentido Común, Content Partner de Urban360 www.sentidocomun.com.mx